Fue con 14 años más o menos cuando empecé a estudiar a los románticos españoles del siglo XIX. Al principio, puede que no entendiese muy bien sus historias, sus poemas, porque a esa edad era difícil comprender todo lo que querían decir en unos versos con rima que escondían tanto.
Esta generación, junto con la generación del 27 fueron las que más me marcaron, quizás porque mi profesor de lengua al que tengo mucho cariño, explicaba las cosas de tal forma, que no hacia falta que estudiases para el examen.
Y ahora a mis 20 años, me siento muy Bécquer, muy Larra: que en momentos de oscuridad y soledad, salía el genio que llevaban dentro. El desamor, la decepción, la desilusión, la soledad y la tristeza eran sus fuentes de inspiración. Y puede que conmigo pase algo parecido. Por no decir, que me pasa absolutamente igual.
Nunca olvidaré mi primer examen de literatura con aquel profesor. Nunca olvidaré este poema de Bécquer:
'A veces, la luz deslumbra tanto que no te deja ver nada más. Otras veces, unas nubes oscuras te devoran y parece que el cielo nunca se despejará. Cuando luce el sol y cae lluvia a la vez, puede producir un arco iris agridulce. Pero, ¡cuidado!, justo cuando crees que navegas plácidamente hacia la puesta de sol, puede que un rayo te parta en dos.'
Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores: uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos... Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella...
Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderéis siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y os impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejaréis de intentarlo. Os rendiréis y buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando.
Pero os aseguro que no pasaréis una sola noche, sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más... Todos sabéis de qué estoy hablando, porque mientras estáis leyendo esto, os ha venido su nombre a la cabeza...
Os libraréis de él o de ella, dejaréis de sufrir, conseguiréis encontrar la paz, le sustituiréis por la calma, pero os aseguro que no pasará un día en que deseéis que estuviera aquí para perturbaros. Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.
Tensión, nervios, estrés. Necesito ir a fumar, ¡ya! Bloqueo el ordenador y bajo en el ascensor atiborrado de gente igual de ocupado que yo. Voy afuera y saco el cigarrillo, lo enciendo y mi primera calada me sabe a gloria. No sé cuando empecé a tener esta manía tan tonta y perjudicial. Me hago el tonto, pero en realidad sé de dónde viene... Cuando la conocí, yo no fumaba y estaba en contra de esto de fumar, pero poco a poco me fui haciendo adicto a esto, corrijo, me fui haciendo adicto a ella.
Ella, una chica normal que empezó a probar por primera vez la nicotina cuando rondaba los 15, porque a ella y a sus amigas les hacía sentirse mayores. Para cuando la conocí, ella no lo había dejado, ni pensaba hacerlo.
Por esa razón cuando estaba nervioso, la necesitaba, indirectamente la tenía siempre conmigo, a partir de un simple cigarro. Cuando me fumaba uno, me sabía a sus besos, a sus caricias, a sus abrazos. Inhalaba el humo y me llenaba de ella. De esta forma, me depuraba por dentro (si es que puede llamarse depurar al hecho de fumar un cigarrillo). Una antítesis vaya, pero que yo lo siento así.
Puede sonar un poco extraño, loco o lo que queráis, pero es mi manera de sentirla cerca cuando no está conmigo. Cuando necesito su presencia, un simple cigarrillo me da ese pequeño capricho en momentos de dificultad.
Ya lo dice el dicho: 'Los pequeños detalles marcan la diferencia'. Toda la razón del mundo. Pasan inadvertidos a lo largo del día y muchas veces maldecimos el día porque no ha sido cómo nosotros esperábamos. Pero en realidad no salen cómo nosotros esperamos porque no nos fijamos en esos detalles.
Si esperamos que en el día ocurran grandes cosas y grandes eventos, estaremos desaprovechando el día; y a largo plazo, estaremos frustrados porque en nuestra vida no ha habido esos esperados momentos grandiosos. Y creo, que es un sufrimiento innecesario, que daña el alma.
Al principio, va a costar un poco darse cuenta de esos pequeños detalles pero si te pones a pensar un poco, te darás cuenta de que el día puede ser maravilloso según lo mires.
Fíjate, por ejemplo, en varios días seguidos de lluvia en pleno invierno, y un día, así, de repente, sale el sol y te ciega completamente. Pequeño detalle.
Fíjate cuando en una ciudad que nieva poco; un día, aparecen los primeros copos de nieve por tu ventana. Pequeño detalle.
Fíjate cuando estás en el trabajo y haces bien tu trabajo y tus jefes te lo agradecen. Pequeño detalle.
Fíjate cuando estás estudiando, que has cumplido con el planning del día. Pequeño detalle.
Fíjate cuando tras un día duro con unas ganas horribles de llegar a casa, llegas y te tumbas en el sofá para ver una película que te gusta en la tele. Pequeño detalle.
Fíjate cuando tienes en reproducción aleatoria tu reproductor de música y aparece tu canción favorita. Pequeño detalle.
Fíjate cuando sales tarde de casa, y por pura suerte, coges a tiempo todos los medios de transporte para llegar a tu destino. Pequeño detalle.
Fíjate cuando un amigo tuyo te llama por teléfono y te pregunta cómo ha ido el día. Pequeño detalle.
Fíjate cuando recibes un abrazo de tu hermano/a. Pequeño detalle.
Fíjate cuando tu madre te da un beso de buenas noches. Pequeño detalle.
Fíjate cuando te metes en la cama, entre las sábanas, calentito y tu cuerpo pide reposo. Pequeño detalle.
Y si te fijas bien en todo lo que has hecho en el día, te darás cuenta de que ha sido un día de 10. Por eso, os voy a dar un pequeño consejo (para que le déis gran valor): antes de irte a dormir piensa en todos esos pequeños detalles, aunque tú creas que son una tontería, pero recréate en ellos. Te dejarán un buen sabor de boca, y harán que al día siguiente te levantes con más energía. Coge práctica y hazlo rutina. No tiene desperdicio.
Es la flor más bonita de todas.
La flor más bonita de este gran jardín llamado mundo. Hace escasos días cumplió
20 primaveras, y aún así sigue siendo hermosa, sin marchitarse. Está igual
desde que empezaron a salir sus primeros pétalos.
Hace dos años que conozco a esta
pequeña gran persona, y se ha ganado un espacio bastante grande en mi corazón.
Y os preguntaréis, ¿cómo puede ser? Yo sólo voy a decir una frase: poco a poco.
Todo en la vida viene poco a poco, sin prisa, sin agobios, como ella. Para
disfrutar de una bebida fresca en un soporífero día de calor hace falta beber a
sorbitos, no de un trago (aunque parezca que haya que hacer lo contrario). Si
bebes rápido, tendrás más sed, hay que disfrutar de su sabor, como ella. Es mi
refresco diario.
Es una persona muy tímida que va
dando pequeños pasos hacia ti, investiga, descubre poco a poco tu yo, tu alma y
lo hace increíblemente bien. No sé exactamente cuál es el proceso que hizo que
nos hiciéramos inseparables, hasta tal punto que parecíamos siamesas y llegamos
a pensar que nos habían separado al nacer.
Sí, era la típica chica, amiga de
mis amigas que quedabas un fin de semana por la tarde, a la que no conoces
demasiado pero por cortesía haces el intento de hablar con ella. Por
circunstancias de la vida, ella ha atravesado momentos de mucha dificultad no
solo para ella, sino incluso para cualquier persona. Afortunadamente, estuve en
uno de esos momentos con ella, codo con codo, secando sus lágrimas,
comprendiendo sus razones, apoyando sus decisiones, y eso nos hizo verdaderas
amigas. No hay cosa más cierta que, los amigos se descubren y valoran en los
momentos malos; y este sin duda, es el mejor ejemplo de todos.
No había tarde de verano, que no
nos pusiéramos a hablar sobre nuestras vivencias, recuerdos, o simplemente,
cualquier tontería cotidiana que nos hubiera pasado, y descubrimos que éramos
(y somos) demasiado iguales. Yo me sentía comprendida (supongo que ella
también) porque nuestra forma de pensar era (y es) muy parecida, y me arriesgo
a decir que igual, como si compartiésemos el mismo cerebro, las mismas
conexiones neuronales. Soy afortunada en decir que tengo a mi igual, a mi siamesa.
La historia se repitió por
segunda vez. En un momento de dificultad para las dos, estuvimos apoyándonos
porque parecía que el mundo iba en nuestra contra, la moneda no caía por la
cara que apostábamos y pedíamos que no tardase mucho en ponerse la suerte de
nuestra parte. Ese día, 8 de octubre, prometimos que recordaríamos cada día 8
de cada mes, como nuestro día de la esperanza, en el que no importaba si el día
iba mal; había que respetarlo, e intentar pensar que todo va bien aunque no
llevemos todas consigo.
Por eso, hoy día 8, te dedico un
hueco en este sitio tan especial para mí.
Es ternura y dulzura (como los postres que tanto le gustan), es timidez,
es comprensión, es sinceridad, es alegría, es espontaneidad, es cariño, es humildad,
es nobleza. Sobre todo nobleza, porque empieza por “n”, como su nombre.
Te quiero N.
No se me olvida poner nuestra canción. La que nos dice tanto y nos identifica tanto...
Poco a poco la luz del sol me ciega. Abro un ojo y... ¡Ufff! ¡Eso duele! Vuelvo a abrirlos lentamente y ya me voy acostumbrando. Me quedo un rato sentado frente a la ventana. Cierro los ojos y siento cómo los rayos del sol penetran sobre mi piel blanca. Eso es lo mejor de los inviernos en Madrid: puede hacer mucho frío, pero que el sol no falte.
Giro mi cuerpo desnudo inundado de los rayos del sol y la veo. Ella está perfectamente dormida. En ese momento no hay nada que le altere. Todavía sigo preguntándome cómo puede quedarse dormida con tanta facilidad. El sol no le molesta y parece que sonríe porque los rayos le dan de lleno en la cara.
Me gusta cuando duerme. A decir verdad, me gusta de todas las maneras. Me gusta su pelo castaño claro, sus ojos marrones, su nariz respingona, sus labios, carnosos, ¡qué labios! Tienen un color que no haría falta que se los pintara. Me gustan sus dos lunares alineados en el lado izquierdo de su cintura y su mancha de nacimiento en el lado derecho de su cadera. Me gustan sus piernas kilométricas. Me gusta todo de ella.
Y yo no sé de dónde ha salido ni cómo ocurrió todo, pero ahora es una parte de mí. Siento que la tengo que proteger a toda costa como si fuese una niña pequeña. Y ahora afirmo el dicho de "Cuanto menos lo buscas, lo encuentras". Ella es mi tesoro y yo soy el pirata que andaba por la isla desierta en busca del mayor tesoro jamás encontrado. Y ahora no me lo creo.
Parece que está escuchando todo lo que sucede en mi mente; ella es muy Bruja Lola para esas cosas. Se gira y gira en la cama, parece no encontrar la postura. Acto seguido, se queda quieta y vuelve a respirar profundamente. Quizás esté soñando en la noche de ayer. La hicimos nuestra, bebiéndonos poco a poco ese pequeño elixir llamado amor.
Me levanto, me visto y voy directo a la cocina a prepararle el desayuno: tostadas y zumo de naranja recién exprimido, su favorito. Cuando todo está listo, voy hacia la habitación y espero a que ella se despierte. No han hecho falta ni dos minutos para que ella abra sus ojos marrones y me sonría. Esa sonrisa perfecta que me desvela, que me gustaría mantener durante años y que a mí tanto me gusta.
Había una vez, una familia que se compró una casa fuera de la ciudad. Escuchar sólo el sonido de los grillos por la noche, ver con claridad las estrellas y con suerte, ver una estrella fugaz que surca el cielo oscuro.
Tenía un jardín pequeño pero suficiente para ellos porque nunca habían tenido uno. Y el hecho de ver crecer todo su esfuerzo y sus frutos era lo único que ansiaban. Decidieron plantar cinco árboles diferentes, uno por cada miembro de la familia. Allí estaban, los cinco, admirando cada uno su precioso y pequeño árbol. Las hijas tenían la misma inquietud: ¿Cuándo verían su árbol en condiciones normales: frondoso, vivo, verde?
La respuesta no llegó demasiado tarde. Al cabo de cinco años aproximadamente, la familia veía poco a poco como cada árbol empezaba a coger fuerza, enraizando y ocupando su lugar en ese pequeño terreno que tanto había trabajado aquella familia.
Uno de los árboles, el roble, que estaba en lo alto del jardín, al final, en un pequeño parterre rodeado de rosales crecía a lo largo pero su tronco no engordaba, las hojas lobuladas que tanto gustaban a su dueña no crecían. Algo le pasaba. ¿Sería el riego? ¿La tierra no era la adecuada para su crecimiento? ¿Le faltarían vitaminas?
Todas estas preguntas se las hizo la madre e intentó por todos los medios encontrar una respuesta. En verdad, era al que más mimaba porque no lo veía bien. Su dueña, la hija mayor, al principio no le dio importancia porque no le gustaba las labores del jardín. "Ya crecerá", decía siempre.
Un día, mirando a través de una de las habitaciones del segundo piso desde donde se podía ver el maravilloso jardín, la hija mayor se dio cuenta de lo que pasaba. Todo encajaba como dos perfectas piezas de puzzle. ¿Y si los árboles fuesen el reflejo exacto del estado anímico de sus dueños? ¿Quería eso decir que algo en ella iba mal? ¿Que por más que le dieran vitaminas, le cambiasen el riego o le dieran mimos iba a recuperarse? ¿Estaría el roble hablándola?
Bajó corriendo las escaleras, de dos en dos, y salió al jardín. Subió la pequeña cuesta y se acercó hasta su árbol, su roble. Entró al parterre con sumo cuidado de no pisar ningún rosal que a su madre tanto gustaban.
Se acercó al él y acarició su tronco rugoso. Puso la cara muy cerca como para oírle por si el árbol le hablaba. Corrió una brisa por todo su cuerpo y sintió un escalofrío. Subió a su habitación y se tumbó en la cama. Era casi imposible, ¿cómo iba a reflejar su árbol su estado de ánimo? Los cuatro árboles restantes estaban bien o intentaban estarlo y miró a sus dueños y ellos vivían, intentaban estar bien a pesar de las dificultades de cada uno. Pero ella no. Ella no lo estaba intentando, porque no disfrutaba con lo que hacía. No veía ilusión, no vivía, y el árbol se lo estaba haciendo ver. Tenía que hacer algo. ¿Por dónde empezar? Hay tanto que plantearse, tanto que resolver que estaba hecha un lío. "Empezaremos por el principio", dijo una voz en su interior. Tras un silencio, esa voz volvió a intervenir: "Ya sabes el dicho: Eres tan fuerte como un roble. Sólo que aún no lo sabes porque no confías en ti y en tu potencial. Pero lo sabrás, porque tú puedes. ¿Por qué te crees que, justo tú, tienes un roble?".
Complementario: Que sirve para completar o perfeccionar algo.
Suplementario: Que sirve para suplir algo.
Hace no mucho descubrí que la gente confundía estos términos y me da mucha pena. Para los que antes decíamos que las cosas hay que complementarlas, dejarlas al mismo nivel porque necesitan el mismo mimo, el mismo tiempo; ahora, ponemos por encima cosas que deberían estar a la misma altura.
Yo no sé por qué será. Antes estaba toda tan claro y no había problemas; pero, ¿y ese cambio? Nunca llegué a pensar que el egoísmo, el egocentrismo y la conveniencia llegaran a unos límites tan insospechados.
Sus razones tendrán y quiero llegar a comprenderlas, algún día...
Que todas las cosas son importantes, que no hay unas mejores que otras, pero son importantes porque se pueden compatibilizar, es decir, porque se complementan unas con otras. Si no tienes una, ya te falta algo, como el respirar. Todo en esta vida está hecho para que esté en equilibrio. Desgraciadamente, para algunas personas la balanza pesa más de un lado. Veremos cuánto aguanta ese desequilibrio...
Espero que dentro de no mucho podamos distinguir entre lo urgente y lo realmente importante en la vida.
Los días 31 de diciembre y 1 de enero son días de reflexión. El día 31 vienen recuerdos asomando por tu cabeza. Recuerdas todo lo que has hecho en el año: todo lo bueno, todo lo malo, todo lo que hay que mejorar para no caer dos veces en la misma piedra, etc.
Llegan las 9 de la noche y ya se empieza a notar el ambiente de nerviosismo en todas las casas. Cena de ponerse las botas y reventar y llegarte a plantear si te va a caber el modelito de esa noche. 12 menos cuarto de la noche y las mesas están llenas cuencos de uvas (peladas, sin pelar, con pipos y sin pipos). Cinco minutos antes empiezas a mirar a toda tu familia, disfrutando un año más de ellos.
Doce campanadas, doce uvas. ¡Feliz año! Copas de sidra brindando por encima de las mesas y muchas caras sonrientes.
Sentirse el más guapo o la más guapa de la fiesta cuando estás frente al espejo con tu vestido o traje nuevo. La noche es corta, hay que aprovechar. Ahora la amistad es lo más importante y no hay cosa que más reconforte que pasar un pequeño rato del nuevo año con tus mejores amigos.
Acaba la noche y piensas en lo rápido que ha pasado la noche. Vas en el metro o en el autobús con el típico mareo tras unas cuantas copas de más, con un dolor de pies horrible y las ganas con las que vas a coger la cama. Pero dentro de ti, inconscientemente, estás pensando en todo lo bueno que falta por llegar en este año con los tuyos.
Llegar al amanecer y despertarse al atardecer. Resaca, y no hay mejor plan que película, sofá y mantita para pasar este día 1. Al final del día, coges tu diario y pasas hojas hacia atrás buscando el título de: Propósitos 2012. Haces un tic en cada propósito conseguido y te sientes realizado.
Nueva hoja en blanco con el título de "Propósitos 2013". Aquí empieza una nueva historia, un nuevo libro de tu vida. Con ilusión vas rellenando la hoja. Acabas y no la verás hasta que acabe el año, como siempre.
Querido 2013, espero que traigas muchas alegrías para este año y que sea mejor que el 2012 si es que se puede mejorar porque no me puedo quejar de nada de este año. Que todos nuestros deseos se cumplan y que afrontemos los momentos duros con fuerza y vivamos intensamente los buenos momentos, pero siempre, acompañado de los nuestros.
Dos años compartiendo vidas. Dos años regalando risas. Dos años haciendo viajes que abarcan desde un día a una semana. Dos años descubriéndonos. Dos años dando lo mejor de nosotros. Dos años creando algo fuerte. Dos años siendo AMIGOS. Dos años descubriendo la amistad. Dos años dándonos vida...
Pero todo no es tan bonito como lo pintan... A pesar de las dificultades, seguimos al pie del cañón: superando los obstáculos que encontramos.
Aquí empezó todo...
Y siguió...
Y siguió...
Y aquí estamos ahora...
Son lo primero que veo por la mañana nada más despertarme cuando veo mi mural de fotos en frente de mi cama y son lo último en lo que pienso antes de acostarme.
Ellos son los elegidos, los que he elegido para que me acompañen en mi camino.
Es un sentimiento demasiado grande, y que te llena tanto que es imposible describirlo...
Dedicado a ellos, a ellos que tanto apuestan por mí. ¡Muchísimas gracias!
'Los encuentros más importantes ya han sido planeados por las almas antes incluso de que los cuerpos se hayan visto. Generalmente estos encuentros suceden cuando llegamos a un límite, cuando necesitamos morir y renacer emocionalmente. Los encuentros nos esperan pero la mayoría de las veces evitamos que sucedan. Sin embargo, si estamos desesperados, si ya no tenemos nada que perder, o si estamos entusiasmados con la vida, entonces lo desconocido se manifiesta, y nuestro universo cambia de rumbo'.
Ella es mi origen por partida doble y más adelante explicaré el por qué.
A ver cómo empiezo... Voy a comenzar como el típico cuento... Todo comenzó una mañana de recreo hace 4 o 5 años: tener amigas en común nos hizo conocidas. La primera vez que hablé con ella me pareció una buena chica y siempre se reía. El destino o como lo queráis llamar nos juntó en clase al año siguiente: Ella estaba sentada justo detrás mía y ahí empezó todo. Me gustaba cuando me daba con el dedo índice en la espalda para que me girase y hablásemos a pesar de que nos ganásemos un toque de atención del profesor. Cada vez era más la afinidad y ya sin que ella me dijese nada, yo me giraba y le contaba cualquier cosa que se me viniese a la mente.
Ella fue la intermediaria entre sus amigas y yo, y en verdad eran muy parecidas y muy agradables. Poco a poco nos hicimos amigas de clase, que no íntimas. Para eso, tuvimos que esperar hasta el año siguiente en el que fue el año de los cambios: futuro profesional. Creo que fue uno de los momentos más importantes en nuestras vidas porque justo cuando todo empezaba a ir bien, teníamos que separarnos y ya no veríamos nuestras caras de sueño o los nervios antes de un examen. Fue una etapa muy fugaz.
El primer año de carrera, fue un año importantísimo y aprendimos que a pesar de todo, si luchábamos por lo que queríamos, todo iba salir bien. Y así fue, seguíamos juntas y con más fuerza que nunca.
Ella se convirtió en mi confidente, porque te daba esa serenidad y comprensión que yo llevaba pidiendo desde hace mucho. No había día que no la llamase por teléfono o hablásemos por el ya tan olvidado messenger.
Como parte de la vida, el amor llegó a su vida y ahí de nuevo, ella fue el puente y el segundo origen. Personas que no nos conocíamos de nada nos juntamos a raíz del amor de dos personas muy importantes en mi vida. Formamos una segunda familia.
No he conocido persona más romántica en mi vida y en verdad ella siempre ansiaba un cuento de hadas. Y lo consiguió y sigue manteniendo a su príncipe y Romeo particular.
El verano gusta a todos y yo tuve la grandiosa oportunidad de pasar con ella y otras amigas una semana de desconexión en playas del sur. Fue nuestra primera vez y en verdad, no podía haber imaginado que fuese tan especial e increíble. Los viajes unen, pero no sabéis cuánto.
Empezamos el siguiente año con más ilusión que nunca, con las pilas cargadas. Aunque durante unos meses, el dicho que resume esos meses es: "Quién bien te quiere, te hará llorar". Y en efecto, no puedo estar más de acuerdo con este refrán. El hilo se tensaba, se tensaba y se tensaba y yo incluso llegué a pensar que se rompía dejando atrás tantos buenos recuerdos.
Pero en verdad, la amistad es eso: superar esa tensión, y nosotras lo hicimos. Aunque hemos tenido algún que otro malentendido porque ambas somos muy cabezotas, ahora mismo ambas respiramos calma, sinceridad y confianza.
No la pido nada más, porque ella me da todo cuando está conmigo sin nada a cambio y eso me encanta y me llena con creces.
Adoro el momento en que nos conocimos y empezamos a hablar, adoro nuestros días de estrés, adoro nuestras risas, nuestros lloros, nuestras reconciliaciones, nuestros viajes, nuestras fiestas, escucharnos la una a la otra aunque ella sea más psicóloga que yo, nuestras conversaciones telefónicas que se alargan y se alargan, nuestros paseos por el centro de Madrid, nuestros viajes en autobús o tren, nuestra sinceridad, nuestra confianza, nuestras pelis ñoñas con palomitas incluidas, nuestras quedadas, el día en que descubrimos el símbolo del infinito en matemáticas y desde ese momento, tenemos nuestro infinito particular. Y así podría seguir infinitamente... ¡Pues si que dan de sí casi 3 años siendo verdaderas amigas!
Te doy gracias por haber sido la persona que originó todo. Por ser mi origen, mi motor y hacer que mi vida diese un giro de 360º. Por creer en mí y ayudarme a levantarme. No sólo eres mi origen, sino que además sé que serás mi final, caminando juntas por esta infinita amistad.
Te quiero M.
"Yo te quiero con limón y sal, yo te quiero tal y como estás, no hace falta cambiarte nada".
Todos tenemos a esa persona por la que somos más débiles, nuestro ojito derecho, aquella que cuando alguien nos pregunta, rápidamente, su nombre sale solo; esa por la cual daríamos lo que fuera, esa persona que si está mal, tú también; esa por la cual cojeamos... Y quien diga lo contrario por el puro placer de complacer a los demás (valga la redundancia), miente.
Las preferencias existían, existen y existirán siempre. Claros ejemplos los tenemos en nuestro día a día: una madre por su hijo, un novio por su novia, unos recién casados, una anciana por su animal de compañía, un adolescente por su mejor amigo/a, etcétera.
También existen las personas adecuadas para momentos determinados: las que son idóneas para salir de fiesta, las que son idóneas para quedarse una tarde en casa viendo una película, las que son idóneas para hacer alguna que otra locura, las que son idóneas para ir de compras, las que son idóneas para que te escuchen en momentos malos, las que son idóneas para hacer viajes, las que son idóneas para hacer deporte, las que son idóneas para levantarte el ánimo, las que son idóneas para sacarte una sonrisa, las que son idóneas para limpiar las lágrimas de tu rostro, las que son idóneas para aguantar tus tonterías, las que son idóneas para compartir piso... Y podría seguir, haciendo una lista interminable.
Sí, eso de ser el preferido de alguien está muy pero que muy bien. Lo malo viene cuando no eres el ojito derecho de nadie y sabes que no eres la primera persona en quien alguien pensaría. Vamos, que eres el último mono.
"Me da vértigo el punto muerto, y la marcha atrás. Vivir en los atascos... Los frenos automáticos y el olor a gasoil. Me angustia el cruce de miradas, la doble dirección de las palabras y el obsceno guiñar de los semáforos. Me arruinan las prisas, y las faltas de estilo, el paso obligatorio, las tardes de domingo y hasta la línea recta. Me enervan los que no tienen dudas y aquellos que se aferran a sus ideales son los de cualquiera. Me cansa tanto tráfico y tanto sin sentido. Parado frente al mar mientras el mundo gira..."
Era obligado ya hacer una mención a mi grupo de rock español favorito.
"Hay una verdad universal que todos debemos afrontar, queramos o no. Al final, todo se acaba. Por mucho que deseara que llegase este día, nunca me han gustado los finales: el último día de verano, el último capítulo de un buen libro, separarte de una buena amiga... Pero, los finales son inevitables: llega el otoño, cierras el libro, dices adiós... Hoy nos despedimos de todo lo que nos era familiar, todo lo que nos resultaba cómodo... Pasamos página [...]".
Muchos lo hemos hecho desde que eramos pequeños. No sé quién nos lo enseñaría pero aunque parezca algo absurdo, yo siempre he mantenido la esperanza.
Estoy hablando de cuando encuentras un diente de león. Lo arrancas con sumo cuidado para que no se desprendan sus pequeñas partes plumadas. A continuación, cierras los ojos y pides un deseo. Soplas muy muy fuerte y esperas que ese pequeño deseo se cumpla algún día.
En mi caso, cuando soplaba me quedaba mirando a dónde iban todas esas pequeñas partes que volaban. Unos recorrían el suelo, y otros los tenías a la altura de tus ojos. Pero los que a mí más me gustaban eran aquellos que no podía alcanzar con las manos. Esperaba a que subiesen a una altura considerable y se los llevase donde el viento quisiera. Desde que hacía eso, en mi mente aparecía una imagen muy graciosa y a la vez muy tierna: Esas pequeñas partes, subían al cielo, y ahí, se encontraban con Dios, donde Él podía leer a través de ellos el deseo que habías pedido.
Aún lo sigo pensando. Porque en cualquier momento de tu vida Dios te sorprende y sabe cuales son tus deseos, y quizás, solo quizás alguno de los innumerables deseos pedidos de innumerables dientes de león puede hacerse realidad.
Ahora ya comprendes todo. Todas las preguntas que te has hecho en la vida y que no tenían respuesta parece que poco a poco van siendo contestadas. Echas la culpa a la gente, al mundo por no obtener respuesta. Te frustras y te vas consumiendo lentamente...
Pero en realidad, la respuesta a todas tus preguntas eres tú. El problema eres tú.
Llegará el día en el que todas las lágrimas derramadas serán sustituidas por una sonrisa.
Llegará el día en el que resurgirás de tus cenizas.
Llegará el día en el que los recuerdos no dolerán.
Llegará el día en el que todas las palabras hirientes, malos gestos, pasotismos, enfados y pérdidas no importarán.
Llegará el día en el que tendrás un corazón recompuesto, que no es lo mismo que nuevo. Tendrá sus cicatrices como todos, pero eso lo hará más fuerte y hermoso.
Llegará el día en que no sentiremos vergüenza.
Llegará el día en el que no tengamos miedo y estemos abiertos a todo.
Llegará el día en el que nos sintamos orgullosos cuando echemos la vista atrás.
Y cuando ese día llegue, estaremos en nuestro propio velero navegando por aguas tranquilas. Seremos libres y felices... Y es entonces, cuando nos habremos dado cuenta de que hemos vivido.
Es la persona más loca que conozco. Pero lo creáis o no, dentro de su locura existe una cordura constante.
Con su presencia llena de optimismo a todo el que la rodea. Ella te saca una sonrisa en tu peor momento y te hace sentir la mejor persona del mundo. Yo, soy mejor persona gracias a su amistad. Ya sé a quien acudir cuando todo no vaya del todo bien y me diga cuatro tonterías para sentirme bien.
Y es que a ella nunca la verás llorar aunque esté mal. Cada día me sorprende más porque la ves, ahí, sonriente como la que más y por dentro puede que tenga todo hecho pedazos.
La conocí hace 5 años (y se dice pronto) pero llegó a ser una parte de mí hace casi ya 3 años. Ella me da locura que yo necesito y que me falta. Es incansable.
Echando la vista atrás recuerdo todos nuestros momentos y voy a enumerar no todos, pero sí los que nos han marcado más: nuestros gritos y saltos por el barrio sin mirar atrás tras saber que habíamos aprobado todo y que estábamos preparadas para hacer Selectividad y la gente mirándonos, fiestas, Nochevieja, nuestras primeras vacaciones disfrutando poquito a poco del sur, confesiones, terapias, nuestra declaración de amor en Roma, nuestras risas, nuestras vacaciones de desfase, nuestros momentos TOP 10 y muchas cosas más que seguramente me dejo en el tintero...
En el amor, tiene ya sus pinitos hechos como en el teatro. No se cansa, así que no parará de buscar hasta encontrar a su Romeo aunque ella es un espíritu libre que saca lo mejor de sí misma para vivir el día a día. La frase de Carpe diem recorre sus venas. Es su carta de presentación.
Y por último, como es polifacética, subir a un escenario es su hobby, o su pasión mejor dicho. Ella se transforma y se mete en el papel para que creamos en su personaje, pero sobretodo en ella. Quiere ser la Audrey Hepburn del siglo XXI y no anda muy lejos. Yo creo en ella y sé que lo conseguirá.
Se desvive por los suyos, y eso es lo que más me gusta de ella.
Hueles a libertad nena y eso te llevará a lo más alto.
Todas tienen una historia. Da igual que unas hayan costado más (monetariamente hablando)... El caso es que son especiales. Unas las he comprado porque me gustaban, otras las he hecho yo misma, otras las he traído de un viaje especial, otras me las han regalado familiares, otras por mi cumpleaños y otras me las han traído porque en algún viaje una/s persona/s se han acordado de mí...
Me gusta mirarme las muñecas llenas de pulseras y acordarme de cada momento en el que me dieron ese regalo; acordarme de ese viaje especial o de ese cumpleaños porque así, siento que vivo y que estoy presente en muchas vidas.
“El amor es confianza, responsabilidad,
sopesar tus opciones y sentimientos, vivir el resto de tu vida en consonancia
con ellos y sobre todo, no hacer daño a la persona amada. ¿Es eso el amor? Multiplícalo
por infinito, llévalo hasta el fin de la eternidad y apenas tendrás un atisbo
de lo que hablo”.
Todos hemos visto la película
Disney de Aladdín de pequeños, o con nuestros hijos o nietos. En el caso de
que no, os invito a que la veáis.
Pues bien, yo me quedé
maravillada con la película y con todas de la compañía Disney. Eso de frotar
una lámpara y que saliese un genio y te concediera tres deseos era algo mágico.
Muchas veces pensé si eso pasaría igual en la vida real (inocente de mí).
Precisamente, en mi casa tengo una lámpara de uno de tantos viajes de mi madre
por el mundo (no sé si fue hecho a posta no) y que encontré de casualidad en un
estante.
Frotaba la lámpara como hacía el
protagonista y me imaginaba que salía un genio y me concedía tres deseos a los
cuales yo siempre pedía los mismos (muchos juguetes, chucherías y tener mucho
amigos).
Con el tiempo los deseos fueron
cambiando según yo crecía y muchos de esos deseos eran materialistas. Hasta
hace bien poco yo seguí pidiendo deseos a mi genio particular pero más
profundos y quizás un poco más realistas (o quizás no).
Dejé de creer en el genio de la
lámpara mágica ya que muchos deseos no se cumplían y por supuesto, por mi
madurez.
Pero aunque sea una película
Disney tiene una moraleja también para los adultos. Y es que, muchas veces los
sueños se pueden hacer realidad. Yo quiero creer en ello.
En la película se manifiesta a
través de un genio que habita en una lámpara que sólo aparece cuando frotas la
lámpara. Aquí en el mundo real, al destino le corresponde esta parte aunque el
esfuerzo, el empeño y la paciencia juegan también un papel muy importante.
“Los amores de verano terminan por cualquier
tipo de razones. Pero al fin y al cabo todos tienen algo en común. Son
estrellas fugaces: un espectacular momento de luz celestial, una efímera luz de
la eternidad, y en un instante, se van”.
Viernes por la noche. Tras la dura semana por
la que había pasado, esta noche era la ocasión perfecta para desconectar, sobre
todo con sus mejores amigas. No cenó ligero como solía hacer todas las noches,
esta vez su estómago debía aguantar el ron de aquella noche. Se dispuso a
arreglarse: se lavó los dientes y se puso las lentillas. Ahora era el momento
de elegir el vestido… No es que tuviese muchos, pero era muy indecisa siempre
para esas cosas. ¡Qué indecisión madre mía! No sabía si repetir modelito. Pasaba
una y otra vez los vestidos por el armario. Había uno que no se había puesto
todavía porque no encontraba la ocasión perfecta. ¿Y si fuese esa noche? Y se
dijo a sí misma: “¿Por qué no?”.
Era azul (su color fetiche) y muy atrevido,
con la espalda al aire. Fue a maquillarse con alegría y sintiéndose la mejor de
todas. Se puso su colonia favorita: esa que cada vez que olía le traía buenos
recuerdos de fiestas pasadas. Salió disparada porque iba pillada de tiempo y
viajó por la noche madrileña hasta el punto de encuentro. El ambiente era
ideal: risas, vasos con hielos, alcohol, amistad, tonterías, alguna que otra
calada a un cigarro y sobre todo, unas ganas de bailar tremendas.
Entraron a la discoteca con ganas de comerse
la pista de baile. En círculo, y dejándose llevar por la música cantaban a grito
pelado inventándose parte de las canciones. Ella lo estaba pasando como nunca y
se acercó a la barra a pedir otra copa aunque el alcohol ya empezaba a hacer
efecto.
Con la copa en el aire y sintiendo la música,
se abría paso entre la multitud. Ojos indiscretos la miraban pero a ella le
daba igual. Era una noche dedicada enteramente para ella. La libertad llamaba a
su cuerpo, su mente y su corazón.
Nada más llegar sientes una bofetada de
libertad. Si ya en tu ciudad te sientes pequeña, allí la insignificancia se
apodera de tu cuerpo. Hay tanta diversidad y tanto donde elegir, que te pierdes
tanto ahí como por sus interminables calles adoquinadas.
Te faltan ojos para captar tanta belleza e
inmensidad. Sentirse extranjero es una de las mejores sensaciones del mundo: la
cara de atónito y ese tic no tan nervioso del dedo índice disparando con tu cámara
para inmortalizar cada instante que quedará para la eternidad.
Prometimos volver con la moneda que tiramos
hacia atrás en la famosa Fontana di Trevi
en la que todo el mundo tira una moneda con la esperanza de que su deseo tarde
o temprano se haga realidad.
Daría lo que fuera por volver allí para
empaparme de tantos siglos de historia. Y es que, todos los caminos llevan a
Roma.
Ante la inmensidad nos
sorprendemos. No nos damos cuenta de que somos muy pequeños, infinitamente
pequeños comparados con el universo, con aquello tan lejano y tan bello.
Nuestros problemas, a los que nosotros consideramos tan grandes y enormes son
insignificantes comparados con otros muchos que se sufre en este mundo, póngase
de ejemplo la pobreza y el hambre.
Estamos dentro de un todo. Somos
como células en un laboratorio en el que nos ponen a prueba para ver cómo
reaccionamos ante el cambio. Somos como una marioneta en una obra de teatro.
Pero, ¿y quién es el científico? ¿Quién es el que mueve los hilos para que una
marioneta mueva un brazo o una pierna?
Difícil pregunta diréis y
¡cuántas interpretaciones puede haber! Muchos pueden decir que es el destino,
otros que es la suerte y otros, mucho más egoístas dicen que ellos son dueños
de su futuro. En sí, todos tienen parte de razón y no se la quito a nadie y
respeto todas y cada una de las propuestas.
Yo, sin embargo, me aventuro y pienso
que los hilos de mi vida en particular los mueve Dios, mi Dios. Él, que me guía y está siempre conmigo ante cualquier dificultad. Es cierto que no es
fácil seguirle y muchas veces puedes desistir ante tantas injusticias que
acontecen en el día y día y dices ‘¿Dónde estás?’ ‘¿Por qué no haces nada?’
Puede que a esto no tenga respuesta pero lo que sí os puedo decir es que pone
muchas piedras en el camino para que puedas levantarte y no volver a repetir
los mismos errores de nuevo. Te ayuda indirectamente a crecer y a vivir.
No debemos esconder nuestros
problemas, sin ellos no seríamos lo que somos ahora ni formaríamos lo que
formamos: el infinito. Ese infinito que no acaba nunca, que es eterno, como Él.
¿Y si lo que todo el mundo me dice que no me
conviene es realmente el verdadero camino? ¿Y si fuese el paso definitivo para
cambiar? Quizás esté equivocada y en realidad tendría que hacer más caso a mi
círculo próximo. Pero lo mío es la cabezonería y a lo mejor no estoy
equivocada. Romper las reglas sería una gran experiencia.
Un cargador de agua de la India tenía dos
grandes vasijas que colgaba a ambos extremos de un palo. Una de ellas era nueva
y reluciente, mientras que la otra era muy vieja. La vasija nueva era feliz
porque hacía bien su trabajo. Su compañera, consciente de su situación, se
sentía triste porque el agua se le escapaba a través de las grietas.
Al cabo de un tiempo, la tinaja ajada por los
años se sinceró con el aguador: Estoy
avergonzada porque, por mi culpa, sólo puedes entregar a tu amo la mitad de mi
carga. El cargador de agua la miró compasivo y le pidió un favor. Cuando regresemos a la casa del
señor, quiero que te fijes en las hermosas flores que crecen en el
camino.
Así lo hizo y, en efecto, eran muchas las
flores que crecían junto al sendero. Al llegar a su destino, el cargador le
preguntó: ¿Te has dado cuenta de
que sólo hay flores en el lado del camino por donde tú pasas?. Hace
unos años –prosiguió el aguador- sembré semillas de todas esas preciosas
plantas que has visto con las flores que tú riegas cada día, hago ofrendas a mi
Dios. Si no fueses así como eres no podría venerar a mi Dios con flores tan
bellas como las que recojo gracias a ti.
A veces la soledad no es tan mala como muchos
la pintan. En mi vida he tenido muchos más momentos de soledad que de compañía.
Puedo decir que no han sido los mejores momentos pero me han ayudado a
reflexionar, a recapacitar, a tomar decisiones importantes que han cambiado mi
vida, a desestresarme, a intentar poner en orden mis sentimientos, mis subidas
y mis bajadas.
Todo esto prefiero hacerlo antes de dormir
cuando he terminado de rezar y pensar en el día que ha acabado. Por mi mente
chocan e interactúan millones de recuerdos; unos más tristes y otros más
alegres y divertidos. Pienso en el futuro que me depara y me taladro la cabeza
para saber si he hecho bien con las decisiones que he tomado y tomo en mi vida.
Hay pensamientos que se quedan en la cabeza y que no saldrán nunca de la cabeza
quizás por miedo o pudor o por el simple hecho de guardar algo de mi intimidad.
Algo que es mío y de nadie más.
Los momentos amargos los comparto con mi
almohada. Porque sabe escuchar y es ya casi mi segunda cabeza, mi pensadero, mi
baúl de recuerdos, por no decir que ya lo es.
Aprendes a escucharte, a darte cuenta de tus
debilidades, de tus fallos, de tus limitaciones y excesos pero también de tus
grandes logros e ideas. Hasta que no aprendas a descubrirte como persona no
descubrirás la belleza que esconde la vida. Recuerda que siempre te tendrás a
ti mismo y que muchas veces no necesitas a nadie para descubrirte. Cuando lo
hagas, ya estarás listo para compartir tu experiencia con los demás. Sigue la
filosofía de “yo, mí, me, conmigo” porque si no lo haces tú, nadie lo hará por
ti.
"El amor es pasión, obsesión, no poder vivir
sin alguien. ¡Pierde la cabeza! Encuentra a alguien a quien amar como loca y
que te ame de igual manera. ¿Cómo encontrarlo? Pues… olvida el intelecto y
escucha al corazón. Porque lo cierto es que vivir sin eso no tiene sentido
alguno. Llegar a viejo sin haberse enamorado de verdad… en fin, es como no
haber vivido. Tienes que intentarlo, porque si no lo intentas, no habrás
vivido".
Tarde soporífera en Madrid. Siete y cuarto de
la tarde. Ella estaba allí esperando en la cúpula de Sol. Como siempre ella
llegaba antes de la hora prevista, no le gustaba hacer esperar a los demás.
Inquieta, miraba a los lados por si él había llegado antes de lo previsto:
estaba abarrotado de gente. Gente de todos los tipos: activistas reivindicando
por sus derechos, el típico grupo de chicas haciéndose fotos, gente saliendo de
la cúpula construida no hace mucho, parejas que se reencuentran…
Frente a ella estaba el autocar de donación
de sangre: aún tiene escalofríos recordando la primera vez que donó sangre a
pesar de su miedo a las agujas y su mareo al ver la sangre. Detrás de éste,
estaba el famoso edificio con el famoso cartel del “Tío Pepe” que no sabía muy
bien por qué razón lo habían quitado, ¡es todo un símbolo aquí en Madrid! Sin
él, Madrid perdía toda su esencia e imagen.
Las gafas de sol la protegían de los rayos de
sol y a la vez de la mirada de cualquier desconocido en aquel centro
neurálgico.
Miraba el reloj casi a cada minuto y parecía
que la manecilla del reloj no corría. Siete y media. Hora fijada por los dos.
Llegó puntual a su cita y se saludaron con dos besos en la mejilla. Ella, sin
ningún motivo no se quitó las gafas (por vergüenza más bien) no hacía nada más
que mirar al suelo. Cuando se decidieron a ver qué hacían ella respondía con su
típica indecisión e indeterminación: “Me da igual”. Ella se daba cuenta de su
sosería, tendría que cambiarlo con el tiempo. Querían moverse y eso hicieron.
Se dirigían hacia Ópera. En ese tramo empezaron a hablar de lo típico y alguna
risa que otra soltaron. Se sentaron en uno de esos bancos en aquella placita y
no podían parar de hablar. Ella era muy parlanchina y quería saber más y que él
se enterase de todo. Pusieron rumbo hacia Callao y la impresionante calle Gran
Vía con tantos años de historia. Le hubiera gustado estar en su inauguración a
finales de los años 20 y por qué no, haber visto al distinguido Alfonso XIII
dando el visto bueno. Ahora todo era modernidad y movimiento. A decir verdad,
era su calle favorita y disfrutaba como una niña pequeña señalando cada rincón
demostrándole que conocía a la perfección aquella calle.
Enamorada de su calle con sus tiendas y su
ambiente bajaron de nuevo hacia Sol por la calle Montera más conocida por “la
calle de las putas” (perdón por la expresión) donde se podía ver a cualquier
hora a mujeres ofreciendo sus servicios para ganarse el pan de cada día y poder
mantener a su familia.
Inconscientemente, se aferró a su mano por
miedo. Él la miro y sonrió. La llevó a un chill
out ahora tan de moda por una de las callejuelas de Madrid. Los atendieron
enseguida, y les guiaron al segundo piso, más íntimo. Allí en un ambiente más
oscuro había muchas parejas como ellos, temerosos ante la mirada de cualquiera.
Se sentaron en esos sillones de cuero tan cómodos y se dispusieron a elegir. Al
camarero le pidieron una cachimba sabor sandía. Habían probado muchos sabores
ya, pero ese era uno de los que todavía no habían probado. Aquí ya no hablaron
tanto y dejaron paso a lo demás. Humo, besos y caricias fue lo que siguió en la
hora siguiente. Al terminar, dejaron una pequeña propina. Ya había anochecido y
él puso el brazo por encima de sus hombros y ahí tuvieron que decidir: podían
tomar un helado o cualquier exquisitez en ‘La Mallorquina’ famosa por sus
napolitanas y que ella recordaba con tanto cariño cuando en Navidad se iba con
su padre toda una mañana a la Casa del Libro a buscar “libros para papá” (en
realidad eran libros que su padre necesitaba para el trabajo) y que luego
tenían la recompensa de comerse una napolitana de chocolate tras patearse todo
el centro.
Era verano y un helado reconfortaría de
manera excelente ese calor que todavía hacía. Ella pidió su favorito: avellana.
Y él, chocolate puro, sin nada más. Se sentaron fuera a disfrutar de la pequeña
brisa que corría y a saborear su cremoso helado.
Llegó el momento de la despedida. La tarde se
había pasado volando y no querían despedirse. El beso fue largo, mágico, con
sabor a impaciencia, sabor a timidez, sabor a interés, sabor a sandía, sabor a
avellana, y por supuesto, sabor a chocolate. A sus pies, estaba la famosa placa
donde comenzaba todo, desde donde se empezaba a contar, desde donde las
carreteras se guiaban para ir a cualquier lugar de España: KILÓMETRO 0.
Metafórico, ¿verdad? ¿Sería para ellos también el comienzo de algo? ¿El
kilómetro cero de su futura carretera?
Que me hierve la sangre con estos temas. Un fuego recorre y sube por mi garganta esperando a salir por la boca pero que muchas veces se contiene. De hoy no pasa.
Hago un llamamiento a los hombres simples.
Hago un llamamiento a los hombres que dicen que las mujeres somos complicadas.
Hago un llamamiento a sus cambios de humor.
Hago un llamamiento a su bipolaridad.
Hago un llamamiento a sus decisiones espontáneas y sin sentido.
Hago un llamamiento a su poca capacidad de entendimiento.
Hago un llamamiento a su poco tacto.
Hago un llamamiento a sus "hoy te quiero, mañana no".
Hago un llamamiento a su simpleza no tan simple que yo nunca entenderé.
Hago un llamamiento a sus "hoy te escribo, mañana no me acuerdo de ti".
Hago un llamamiento a sus punto y final que ellos ponen sin consultar con nadie.
Hago un llamamiento a la importancia que le dan solamente al físico de una mujer.
Hago un llamamiento a sus sentimientos. Ah! no, que no tienen.
Hago un llamamiento a su corazón si es que todavía lo conservan.
Hago un llamamiento a su forma de embelesarnos y hacernos sentir como una reina.
Hago un llamamiento a su forma de rompernos el corazón.
Hago un llamamiento a su forma de no sentirse culpables.
Hago un llamamiento a su desinterés repentino.
Hago un llamamiento a su inmadurez.
Hago un llamamiento a su forma de salir airosos de cualquier situación amorosa.
Hago un llamamiento a su interés de un día por una y otro día por otra.
Hago un llamamiento a su patética forma de demostrar a sus amigos que pueden llevarse a cualquier mujer (como si estuviésemos en la selva).
Hago un llamamiento a su torpeza.
Hago un llamamiento a su forma de tratarnos como objetos.
Ahí dejo caer algunas lindezas de todo hombre y que a muchos os identifican aunque digáis que no. Tengo la esperanza de que hay una pequeña e ínfima parte de los hombres que no son así y espero que no se escondan y muestren que de verdad saben tratar a una mujer.
No digo que todos seáis iguales, ni mucho menos; pero la gran mayoría lo demuestra. Mi perdón más sincero a aquellos que no tienen culpa de nada.