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lunes, 4 de junio de 2012

Si las almohadas hablasen...

Tener un día duro y lo único que quieres hacer es dormir. Decidido a irte a la cama, al tumbarte; miras al techo y empiezas a darle vueltas a todo y al final no puedes dormir (a pesar del cansancio): qué ha pasado hoy, con quién has hablado, qué has pensado, qué has hecho bien, qué has hecho mal, qué podrías mejorar, qué tienes que hacer mañana... Luego empiezas a acordarte de ellos, de tus amigos y de todos vuestros momentos. Sin querer, te sale una sonrisa recordando todo aquello. Sigues dándole vueltas a la cabeza y haces una introspección y te remontas al pasado y llegan a tu mente imágenes difusas de cuando eras niño y piensas: "Qué inocente era ahí" o "qué feliz era".

Cambias de postura, te das la vuelta e intentas conciliar el sueño, pero siguen viniendo imágenes a tu cabeza. Ahora llegan imágenes delicadas, llenas de amor, ternura e incluso desenfreno. Revives ese momento una y otra vez y darías lo que fuera por volver a ese momento, porque volviera a latir el corazón con la misma intensidad, por excitarte, simplemente; por disfrutar. Húmedo. Sientes tu cara y la almohada mojada y te das cuenta de que se te han escapado unas cuantas lágrimas. Nostalgia. Negro. Stop. Ese instante en el que tu mente se queda en negro y no aparece ninguna imagen por miedo a seguir sufriendo y empapar aún más la almohada. Dormir.

Nada más abrir los ojos recuerdas lo que has soñado. A los cinco minutos se va. Malditos y efímeros sueños... Vas dispuesto a comenzar un nuevo día con energía y a olvidar ese pequeño desliz con tu nostalgia, tus recuerdos y tus lágrimas.

Estás en el trabajo, estudiando o  haciendo cualquier otra cosa y en un momento aparece un flash, como que te deslumbra, que te distrae de tu rutina, como un suspiro, un halo, pero sigues con tus tareas. Mientras las haces, ahora la imagen pasa a cámara lenta por tu mente y lo entiendes todo: el sueño ha vuelto a ti, ese que nada más levantarte se ha ido, vuelve para recordártelo: Todo sigue dentro, en tu subconsciente. Esos momentos ya no se pueden borrar aunque tu cabeza se haga la despistada y los guarde en la caja que pone "Olvidados. Dañinos. No tocar". Han quedado grabados cual tinta sobre piel impoluta, ¿por qué? Porque ya no sólo son reales y están en tu cabeza, sino que también están en tu corazón.

No vemos utilidad en una almohada a parte de su función básica (comodidad). Es simple. Ahora estoy valorando a la mía como un objeto valioso que no querría perder porque sabe todo de ti, yo creo que incluso más. Es como un baúl de sueños, ¿verdad? Donde guardas todos tus recuerdos y secretos. Recuerdos y secretos que sacan tu luz y tu oscuridad. Tu risa o tu llanto. Lo que daría yo por abrir el baúl y ver cómo funciona todo esto de los sueños.

Si las almohadas hablasen, más de uno volvería a nacer.




"Sólo al soñar tenemos libertad, siempre fue así y siempre será". El club de los poetas muertos.


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