Translate

miércoles, 13 de junio de 2012

At the top

Tras una dura subida llena de sudor, lágrimas y sobretodo sonrisas he llegado arriba, arriba del todo, a la cima. Desde arriba, la vista es espectacular. Sin palabras. Los rayos del sol me ciegan pero no impiden maravillarme de todo lo que me rodea, lo de abajo. ¿Y qué es lo de abajo? Veo personas, caras conocidas. Ahí están todas y cada una de las personas que han pasado por mi vida y que me han hecho ser lo que soy ahora. Grito para saludarles pero no me oyen. Voy girando sobre mí misma y hay personas por todos lados. Las hay que sólo he visto de pasada, las hay que son amigos de amigos, las hay que fueron amigos de la infancia, las hay que fueron amigos de clase, las hay que veo todos los días, en clase, las hay que veo sólo en fin de semana, las hay que pasan conmigo mis penas y alegrías (amigos), mi familia, las hay que han pasado sólo 4 horas conmigo y han marcado mi vida para siempre. Y ¿por qué cuatro me diréis? Bueno, yo sé lo que me digo... Es difícil de explicar, pero ya os lo contaré en otra ocasión. Los hay que no he visto hace meses, incluso años! 

Sigo girando y girando y veo un camino, mi camino. Ese que he construido durante casi 20 años de mi vida, de mi llegada a este mundo en el mismo instante que di mi primer llanto hasta ahora, sentada ante una pantalla de ordenador mostrándoos lo que siento. Ese camino que a veces se me ha hecho tan cuesta arriba, parecía que no tenía fin. Poco a poco la montaña se hacía más grande, y el camino más largo. Estoy creciendo. Estoy madurando. Muchos tramos se me han hecho cortos y muy amenos pero porque tenía gente al lado que me daba la mano. Ha habido muchos tramos muy escarpados en los que he andado sola, sin ayuda de nadie, con tormenta. Pero me ha venido bien, me hizo ser fuerte.

Pero hace poco que he llegado a la cima y tras ver el paisaje miro hacia arriba. Nubes. Cielo. Ese cielo azul que me encanta. Más bien, el azul me encanta, me apasiona. Me tumbo para admirarlo mejor. Las nubes que eran nubes de tormenta hace unos años ahora son blancas, apetecibles. Oigo una voz que me llama, que susurra mi nombre, que me da energía para levantarme cada mañana y sentir que algo nuevo, maravilloso e inesperado puede pasarme. Es una señal. Silencio. Cierro los ojos y empiezo a tararear aquella canción que tanto me recuerda a ti. Y rememoro todos nuestros momentos, nuestros 3 años juntas. Pero hace ya muchos años, para ser exactos 16, la muerte me arrebató tu presencia. No hay año que no recuerde nuestra fecha tan especial. Esa fecha que nos hace únicas y que nunca olvidaré. Nuestro número: el 18. "Siempre estarás aquí conmigo". Esas fueron tus palabras que una vez me dijiste cuando yo no medía ni un metro. Y en verdad, siempre estás aquí, en mi mente, en mi corazón. De repente, siento una caricia en mi mejilla y un beso muy tierno que me hace olvidarme de todo. Eres tú, sin lugar a dudas. Me levanto. Salto e intento tocar el cielo. Intento responderte con lo mismo en el lugar que tú estás, el más hermoso de todos. Pero es imposible.

Me toco la mejilla y siento una paz y tranquilidad inmensa. Acabo con una sonrisa, como tú querrías. Vuelvo a mirar hacia abajo: ¿Vértigo? Claro que no. ¿Ganas de bajar? Pocas. 

Ahora estoy en la cima, rozando el cielo y las nubes... ¿Y ahora qué? ¿Qué se supone qué debo hacer ahora? Sólo el tiempo lo dirá... De una cosa estoy segura: Esa montaña que yo veo desde la cima es lo que soy ahora. Puede que no sea perfecta, como la dueña, ni la más bonita, ni la que tenga más verde, pero está aquí por algo. Y ese algo espero que valga la pena.

2 comentarios:

  1. tienes una facilidad envidiable para contagiar un estado de ánimo determinado. Cada vez te leo con más entusiasmo y cada vez me dejo sosprender más. Un saludo, amiga. Y sigue adelante

    ResponderEliminar