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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Su vida es una obra de teatro sin final

Es la persona más loca que conozco. Pero lo creáis o no, dentro de su locura existe una cordura constante.

Con su presencia llena de optimismo a todo el que la rodea. Ella te saca una sonrisa en tu peor momento y te hace sentir la mejor persona del mundo. Yo, soy mejor persona gracias a su amistad. Ya sé a quien acudir cuando todo no vaya del todo bien y me diga cuatro tonterías para sentirme bien.

Y es que a ella nunca la verás llorar aunque esté mal. Cada día me sorprende más porque la ves, ahí, sonriente como la que más y por dentro puede que tenga todo hecho pedazos.

La conocí hace 5 años (y se dice pronto) pero llegó a ser una parte de mí hace casi ya 3 años. Ella me da locura que yo necesito y que me falta. Es incansable.

Echando la vista atrás recuerdo todos nuestros momentos y voy a enumerar no todos, pero sí los que nos han marcado más: nuestros gritos y saltos por el barrio sin mirar atrás tras saber que habíamos aprobado todo y que estábamos preparadas para hacer Selectividad y la gente mirándonos, fiestas, Nochevieja, nuestras primeras vacaciones disfrutando poquito a poco del sur, confesiones, terapias, nuestra declaración de amor en Roma, nuestras risas, nuestras vacaciones de desfase, nuestros momentos TOP 10 y muchas cosas más que seguramente me dejo en el tintero...

En el amor, tiene ya sus pinitos hechos como en el teatro. No se cansa, así que no parará de buscar hasta encontrar a su Romeo aunque ella es un espíritu libre que saca lo mejor de sí misma para vivir el día a día. La frase de Carpe diem recorre sus venas. Es su carta de presentación.

Y por último, como es polifacética, subir a un escenario es su hobby, o su pasión mejor dicho. Ella se transforma y se mete en el papel para que creamos en su personaje, pero sobretodo en ella. Quiere ser la Audrey Hepburn del siglo XXI y no anda muy lejos. Yo creo en ella y sé que lo conseguirá.

Se desvive por los suyos, y eso es lo que más me gusta de ella.

Hueles a libertad nena y eso te llevará a lo más alto.

Te quiero S.





domingo, 16 de septiembre de 2012

Pulseras que hablan de mí

Todas tienen una historia. Da igual que unas hayan costado más (monetariamente hablando)... El caso es que son especiales. Unas las he comprado porque me gustaban, otras las he hecho yo misma, otras las he traído de un viaje especial, otras me las han regalado familiares, otras por mi cumpleaños y otras me las han traído porque en algún viaje una/s persona/s se han acordado de mí... 

Me gusta mirarme las muñecas llenas de pulseras y acordarme de cada momento en el que me dieron ese regalo; acordarme de ese viaje especial o de ese cumpleaños porque así, siento que vivo y que estoy presente en muchas vidas.



martes, 11 de septiembre de 2012

Y, ¿qué es eso del amor?


“El amor es confianza, responsabilidad, sopesar tus opciones y sentimientos, vivir el resto de tu vida en consonancia con ellos y sobre todo, no hacer daño a la persona amada. ¿Es eso el amor? Multiplícalo por infinito, llévalo hasta el fin de la eternidad y apenas tendrás un atisbo de lo que hablo”.

¿Conoces a Joe Black?


domingo, 9 de septiembre de 2012

El genio de la lámpara


Todos hemos visto la película Disney de Aladdín de pequeños, o con nuestros hijos o nietos. En el caso de que no, os invito a que la veáis.

Pues bien, yo me quedé maravillada con la película y con todas de la compañía Disney. Eso de frotar una lámpara y que saliese un genio y te concediera tres deseos era algo mágico. Muchas veces pensé si eso pasaría igual en la vida real (inocente de mí). Precisamente, en mi casa tengo una lámpara de uno de tantos viajes de mi madre por el mundo (no sé si fue hecho a posta no) y que encontré de casualidad en un estante.
 
Frotaba la lámpara como hacía el protagonista y me imaginaba que salía un genio y me concedía tres deseos a los cuales yo siempre pedía los mismos (muchos juguetes, chucherías y tener mucho amigos).

Con el tiempo los deseos fueron cambiando según yo crecía y muchos de esos deseos eran materialistas. Hasta hace bien poco yo seguí pidiendo deseos a mi genio particular pero más profundos y quizás un poco más realistas (o quizás no).

Dejé de creer en el genio de la lámpara mágica ya que muchos deseos no se cumplían y por supuesto, por mi madurez.

Pero aunque sea una película Disney tiene una moraleja también para los adultos. Y es que, muchas veces los sueños se pueden hacer realidad. Yo quiero creer en ello.

En la película se manifiesta a través de un genio que habita en una lámpara que sólo aparece cuando frotas la lámpara. Aquí en el mundo real, al destino le corresponde esta parte aunque el esfuerzo, el empeño y la paciencia juegan también un papel muy importante.


sábado, 8 de septiembre de 2012

Estrella fugaz


“Los amores de verano terminan por cualquier tipo de razones. Pero al fin y al cabo todos tienen algo en común. Son estrellas fugaces: un espectacular momento de luz celestial, una efímera luz de la eternidad, y en un instante, se van”.

El diario de Noa


viernes, 7 de septiembre de 2012

La reina de la fiesta

Viernes por la noche. Tras la dura semana por la que había pasado, esta noche era la ocasión perfecta para desconectar, sobre todo con sus mejores amigas. No cenó ligero como solía hacer todas las noches, esta vez su estómago debía aguantar el ron de aquella noche. Se dispuso a arreglarse: se lavó los dientes y se puso las lentillas. Ahora era el momento de elegir el vestido… No es que tuviese muchos, pero era muy indecisa siempre para esas cosas. ¡Qué indecisión madre mía! No sabía si repetir modelito. Pasaba una y otra vez los vestidos por el armario. Había uno que no se había puesto todavía porque no encontraba la ocasión perfecta. ¿Y si fuese esa noche? Y se dijo a sí misma: “¿Por qué no?”.

Era azul (su color fetiche) y muy atrevido, con la espalda al aire. Fue a maquillarse con alegría y sintiéndose la mejor de todas. Se puso su colonia favorita: esa que cada vez que olía le traía buenos recuerdos de fiestas pasadas. Salió disparada porque iba pillada de tiempo y viajó por la noche madrileña hasta el punto de encuentro. El ambiente era ideal: risas, vasos con hielos, alcohol, amistad, tonterías, alguna que otra calada a un cigarro y sobre todo, unas ganas de bailar tremendas.

Entraron a la discoteca con ganas de comerse la pista de baile. En círculo, y dejándose llevar por la música cantaban a grito pelado inventándose parte de las canciones. Ella lo estaba pasando como nunca y se acercó a la barra a pedir otra copa aunque el alcohol ya empezaba a hacer efecto.

Con la copa en el aire y sintiendo la música, se abría paso entre la multitud. Ojos indiscretos la miraban pero a ella le daba igual. Era una noche dedicada enteramente para ella. La libertad llamaba a su cuerpo, su mente y su corazón.


jueves, 6 de septiembre de 2012

Ciudad Eterna

Nada más llegar sientes una bofetada de libertad. Si ya en tu ciudad te sientes pequeña, allí la insignificancia se apodera de tu cuerpo. Hay tanta diversidad y tanto donde elegir, que te pierdes tanto ahí como por sus interminables calles adoquinadas.

Te faltan ojos para captar tanta belleza e inmensidad. Sentirse extranjero es una de las mejores sensaciones del mundo: la cara de atónito y ese tic no tan nervioso del dedo índice disparando con tu cámara para inmortalizar cada instante que quedará para la eternidad.

Prometimos volver con la moneda que tiramos hacia atrás en la famosa Fontana di Trevi en la que todo el mundo tira una moneda con la esperanza de que su deseo tarde o temprano se haga realidad.

Daría lo que fuera por volver allí para empaparme de tantos siglos de historia. Y es que, todos los caminos llevan a Roma.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Cosmos

Ante la inmensidad nos sorprendemos. No nos damos cuenta de que somos muy pequeños, infinitamente pequeños comparados con el universo, con aquello tan lejano y tan bello. Nuestros problemas, a los que nosotros consideramos tan grandes y enormes son insignificantes comparados con otros muchos que se sufre en este mundo, póngase de ejemplo la pobreza y el hambre.

Estamos dentro de un todo. Somos como células en un laboratorio en el que nos ponen a prueba para ver cómo reaccionamos ante el cambio. Somos como una marioneta en una obra de teatro. Pero, ¿y quién es el científico? ¿Quién es el que mueve los hilos para que una marioneta mueva un brazo o una pierna?

Difícil pregunta diréis y ¡cuántas interpretaciones puede haber! Muchos pueden decir que es el destino, otros que es la suerte y otros, mucho más egoístas dicen que ellos son dueños de su futuro. En sí, todos tienen parte de razón y no se la quito a nadie y respeto todas y cada una de las propuestas.

Yo, sin embargo, me aventuro y pienso que los hilos de mi vida en particular los mueve Dios, mi Dios. Él, que me guía y está siempre conmigo ante cualquier dificultad. Es cierto que no es fácil seguirle y muchas veces puedes desistir ante tantas injusticias que acontecen en el día y día y dices ‘¿Dónde estás?’ ‘¿Por qué no haces nada?’ Puede que a esto no tenga respuesta pero lo que sí os puedo decir es que pone muchas piedras en el camino para que puedas levantarte y no volver a repetir los mismos errores de nuevo. Te ayuda indirectamente a crecer y a vivir.

No debemos esconder nuestros problemas, sin ellos no seríamos lo que somos ahora ni formaríamos lo que formamos: el infinito. Ese infinito que no acaba nunca, que es eterno, como Él.



martes, 4 de septiembre de 2012

The only way

¿Y si lo que todo el mundo me dice que no me conviene es realmente el verdadero camino? ¿Y si fuese el paso definitivo para cambiar? Quizás esté equivocada y en realidad tendría que hacer más caso a mi círculo próximo. Pero lo mío es la cabezonería y a lo mejor no estoy equivocada. Romper las reglas sería una gran experiencia.


lunes, 3 de septiembre de 2012

El cuento de las dos vasijas

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a ambos extremos de un palo. Una de ellas era nueva y reluciente, mientras que la otra era muy vieja. La vasija nueva era feliz porque hacía bien su trabajo. Su compañera, consciente de su situación, se sentía triste porque el agua se le escapaba a través de las grietas.

Al cabo de un tiempo, la tinaja ajada por los años se sinceró con el aguador: Estoy avergonzada porque, por mi culpa, sólo puedes entregar a tu amo la mitad de mi carga. El cargador de agua la miró compasivo y le pidió un favor. Cuando regresemos a la casa del señor, quiero que te fijes en las hermosas flores que crecen en el camino.

Así lo hizo y, en efecto, eran muchas las flores que crecían junto al sendero. Al llegar a su destino, el cargador le preguntó: ¿Te has dado cuenta de que sólo hay flores en el lado del camino por donde tú pasas?. Hace unos años –prosiguió el aguador- sembré semillas de todas esas preciosas plantas que has visto con las flores que tú riegas cada día, hago ofrendas a mi Dios. Si no fueses así como eres no podría venerar a mi Dios con flores tan bellas como las que recojo gracias a ti.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Yo, mí, me, conmigo

A veces la soledad no es tan mala como muchos la pintan. En mi vida he tenido muchos más momentos de soledad que de compañía. Puedo decir que no han sido los mejores momentos pero me han ayudado a reflexionar, a recapacitar, a tomar decisiones importantes que han cambiado mi vida, a desestresarme, a intentar poner en orden mis sentimientos, mis subidas y mis bajadas.

Todo esto prefiero hacerlo antes de dormir cuando he terminado de rezar y pensar en el día que ha acabado. Por mi mente chocan e interactúan millones de recuerdos; unos más tristes y otros más alegres y divertidos. Pienso en el futuro que me depara y me taladro la cabeza para saber si he hecho bien con las decisiones que he tomado y tomo en mi vida. Hay pensamientos que se quedan en la cabeza y que no saldrán nunca de la cabeza quizás por miedo o pudor o por el simple hecho de guardar algo de mi intimidad. Algo que es mío y de nadie más.

Los momentos amargos los comparto con mi almohada. Porque sabe escuchar y es ya casi mi segunda cabeza, mi pensadero, mi baúl de recuerdos, por no decir que ya lo es.

Aprendes a escucharte, a darte cuenta de tus debilidades, de tus fallos, de tus limitaciones y excesos pero también de tus grandes logros e ideas. Hasta que no aprendas a descubrirte como persona no descubrirás la belleza que esconde la vida. Recuerda que siempre te tendrás a ti mismo y que muchas veces no necesitas a nadie para descubrirte. Cuando lo hagas, ya estarás listo para compartir tu experiencia con los demás. Sigue la filosofía de “yo, mí, me, conmigo” porque si no lo haces tú, nadie lo hará por ti.



lunes, 27 de agosto de 2012

¡Pierde la cabeza!

"El amor es pasión, obsesión, no poder vivir sin alguien. ¡Pierde la cabeza! Encuentra a alguien a quien amar como loca y que te ame de igual manera. ¿Cómo encontrarlo? Pues… olvida el intelecto y escucha al corazón. Porque lo cierto es que vivir sin eso no tiene sentido alguno. Llegar a viejo sin haberse enamorado de verdad… en fin, es como no haber vivido. Tienes que intentarlo, porque si no lo intentas, no habrás vivido".

¿Conoces a Joe Black?



domingo, 26 de agosto de 2012

¿Y cuánto de bueno hay en lo malo?

Hay tanto de bueno en el peor y tanto de malo en el mejor que es absurdo condenar a nadie.

PROVERBIO HINDÚ

Kilómetro cero

Tarde soporífera en Madrid. Siete y cuarto de la tarde. Ella estaba allí esperando en la cúpula de Sol. Como siempre ella llegaba antes de la hora prevista, no le gustaba hacer esperar a los demás. Inquieta, miraba a los lados por si él había llegado antes de lo previsto: estaba abarrotado de gente. Gente de todos los tipos: activistas reivindicando por sus derechos, el típico grupo de chicas haciéndose fotos, gente saliendo de la cúpula construida no hace mucho, parejas que se reencuentran…

Frente a ella estaba el autocar de donación de sangre: aún tiene escalofríos recordando la primera vez que donó sangre a pesar de su miedo a las agujas y su mareo al ver la sangre. Detrás de éste, estaba el famoso edificio con el famoso cartel del “Tío Pepe” que no sabía muy bien por qué razón lo habían quitado, ¡es todo un símbolo aquí en Madrid! Sin él, Madrid perdía toda su esencia e imagen.

Las gafas de sol la protegían de los rayos de sol y a la vez de la mirada de cualquier desconocido en aquel centro neurálgico.

Miraba el reloj casi a cada minuto y parecía que la manecilla del reloj no corría. Siete y media. Hora fijada por los dos. Llegó puntual a su cita y se saludaron con dos besos en la mejilla. Ella, sin ningún motivo no se quitó las gafas (por vergüenza más bien) no hacía nada más que mirar al suelo. Cuando se decidieron a ver qué hacían ella respondía con su típica indecisión e indeterminación: “Me da igual”. Ella se daba cuenta de su sosería, tendría que cambiarlo con el tiempo. Querían moverse y eso hicieron. Se dirigían hacia Ópera. En ese tramo empezaron a hablar de lo típico y alguna risa que otra soltaron. Se sentaron en uno de esos bancos en aquella placita y no podían parar de hablar. Ella era muy parlanchina y quería saber más y que él se enterase de todo. Pusieron rumbo hacia Callao y la impresionante calle Gran Vía con tantos años de historia. Le hubiera gustado estar en su inauguración a finales de los años 20 y por qué no, haber visto al distinguido Alfonso XIII dando el visto bueno. Ahora todo era modernidad y movimiento. A decir verdad, era su calle favorita y disfrutaba como una niña pequeña señalando cada rincón demostrándole que conocía a la perfección aquella calle.

Enamorada de su calle con sus tiendas y su ambiente bajaron de nuevo hacia Sol por la calle Montera más conocida por “la calle de las putas” (perdón por la expresión) donde se podía ver a cualquier hora a mujeres ofreciendo sus servicios para ganarse el pan de cada día y poder mantener a su familia.

Inconscientemente, se aferró a su mano por miedo. Él la miro y sonrió. La llevó a un chill out ahora tan de moda por una de las callejuelas de Madrid. Los atendieron enseguida, y les guiaron al segundo piso, más íntimo. Allí en un ambiente más oscuro había muchas parejas como ellos, temerosos ante la mirada de cualquiera. Se sentaron en esos sillones de cuero tan cómodos y se dispusieron a elegir. Al camarero le pidieron una cachimba sabor sandía. Habían probado muchos sabores ya, pero ese era uno de los que todavía no habían probado. Aquí ya no hablaron tanto y dejaron paso a lo demás. Humo, besos y caricias fue lo que siguió en la hora siguiente. Al terminar, dejaron una pequeña propina. Ya había anochecido y él puso el brazo por encima de sus hombros y ahí tuvieron que decidir: podían tomar un helado o cualquier exquisitez en ‘La Mallorquina’ famosa por sus napolitanas y que ella recordaba con tanto cariño cuando en Navidad se iba con su padre toda una mañana a la Casa del Libro a buscar “libros para papá” (en realidad eran libros que su padre necesitaba para el trabajo) y que luego tenían la recompensa de comerse una napolitana de chocolate tras patearse todo el centro.

Era verano y un helado reconfortaría de manera excelente ese calor que todavía hacía. Ella pidió su favorito: avellana. Y él, chocolate puro, sin nada más. Se sentaron fuera a disfrutar de la pequeña brisa que corría y a saborear su cremoso helado.

Llegó el momento de la despedida. La tarde se había pasado volando y no querían despedirse. El beso fue largo, mágico, con sabor a impaciencia, sabor a timidez, sabor a interés, sabor a sandía, sabor a avellana, y por supuesto, sabor a chocolate. A sus pies, estaba la famosa placa donde comenzaba todo, desde donde se empezaba a contar, desde donde las carreteras se guiaban para ir a cualquier lugar de España: KILÓMETRO 0. Metafórico, ¿verdad? ¿Sería para ellos también el comienzo de algo? ¿El kilómetro cero de su futura carretera?


jueves, 2 de agosto de 2012

La simpleza más simple

Que me hierve la sangre con estos temas. Un fuego recorre y sube por mi garganta esperando a salir por la boca pero que muchas veces se contiene. De hoy no pasa.

Hago un llamamiento a los hombres simples.
Hago un llamamiento a los hombres que dicen que las mujeres somos complicadas.
Hago un llamamiento a sus cambios de humor.
Hago un llamamiento a su bipolaridad.
Hago un llamamiento a sus decisiones espontáneas y sin sentido.
Hago un llamamiento a su poca capacidad de entendimiento.
Hago un llamamiento a su poco tacto.
Hago un llamamiento a sus "hoy te quiero, mañana no".
Hago un llamamiento a su simpleza no tan simple que yo nunca entenderé.
Hago un llamamiento a sus "hoy te escribo, mañana no me acuerdo de ti".
Hago un llamamiento a sus punto y final que ellos ponen sin consultar con nadie.
Hago un llamamiento a la importancia que le dan solamente al físico de una mujer.
Hago un llamamiento a sus sentimientos. Ah! no, que no tienen.
Hago un llamamiento a su corazón si es que todavía lo conservan.
Hago un llamamiento a su forma de embelesarnos y hacernos sentir como una reina.
Hago un llamamiento a su forma de rompernos el corazón.
Hago un llamamiento a su forma de no sentirse culpables.
Hago un llamamiento a su desinterés repentino.
Hago un llamamiento a su inmadurez.
Hago un llamamiento a su forma de salir airosos de cualquier situación amorosa.
Hago un llamamiento a su interés de un día por una y otro día por otra.
Hago un llamamiento a su patética forma de demostrar a sus amigos que pueden llevarse a cualquier mujer (como si estuviésemos en la selva).
Hago un llamamiento a su torpeza.
Hago un llamamiento a su forma de tratarnos como objetos.




Ahí dejo caer algunas lindezas de todo hombre y que a muchos os identifican aunque digáis que no. Tengo la esperanza de que hay una pequeña e ínfima parte de los hombres que no son así y espero que no se escondan y muestren que de verdad saben tratar a una mujer.

No digo que todos seáis iguales, ni mucho menos; pero la gran mayoría lo demuestra. Mi perdón más sincero a aquellos que no tienen culpa de nada.

lunes, 30 de julio de 2012

Deep

Pero es que hay veces en la vida que hay que meterse donde cubre. La vida es como el mar, tienes que ahogarte para sentir su intensidad. 

domingo, 29 de julio de 2012

Esperando lo inesperado

Soy muy meticulosa y cuadriculada con todo. O blanco o negro, no hay término medio y eso casi siempre al final me acaba afectando. Me preocupa mucho mi futuro y muchos estaréis pensando: "Pues como a todos, ¿no?". Y la verdad es que sí. Encima ahora nos pintan un futuro muy negro y a mí me da miedo, mucho miedo.

Yo que todo lo tengo meticulosamente calculado y me asusta el futuro... Es uno de los muchos miedos de cualquier joven. Pero es que hay tantas indeterminaciones en mi vida y el futuro no lo veo. Pero estoy muy equivocada y quiero cambiar esta manía con el tiempo. Porque cuanto más esperes una cosa, planees algo para que salga de cierta manera y forma; el destino juega contigo y le da a todo la vuelta y lo que una vez pensaste que era así, ahora es "asao".

Por eso, os advierto, me advierto a mí misma no esperar al futuro, porque el futuro no avisa, porque quiere sorprenderte. Se ha aliado con la vida para jugar contigo, para ver cómo reaccionas, cómo te defiendes ante la adversidad y la felicidad que te ofrecen. Nunca lo esperes porque las mejores cosas ocurren, cuando menos te lo esperas. 

sábado, 28 de julio de 2012

Un poquito de mí

Ante todo, quiero dedicar un pequeño espacio de este pequeño blog que está hecho con mucho amor, con mucha ilusión, con muchos temores, con muchas llantinas a una parte de mí. Algunos ya sabrán muchas de mis peculiaridades y los demás, espero que lo disfruten.

  • Me gusta sonreír. 
  • Me gusta cuando sale el sol y me despierta cada mañana.
  • Me gusta quedarme más del tiempo permitido en la cama holgazaneando.
  • Me gusta contar los segundos y que pasen los minutos y las horas sin hacer nada.
  • Me gustan las tormentas, pero no mojarme.
  • Me gusta tumbarme en cualquier parte y mirar el cielo, ese cielo azul que a todos nos gusta y que a mí me pirra.
  • Me gusta quedarme horas y horas tumbada en la cama recordando cualquier aventura y que se me escape alguna sonrisa.
  • Me gusta llorar de alegría.
  • Me gustan ellos, mis amigos.
  • Me gusta San Isidro y vestirme de chulapa.
  • Me gusta comer nocilla a escondidas, a cucharadas.
  • Me gusta mojar las galletas en leche y que se ablanden.
  • Me gustan los churros con chocolate en Año Nuevo.
  • Me gusta viajar en autobús o en tren y perderme entre mis pensamientos sin que me pase de parada.
  • Me gusta mi ciudad (Madrid) y perderme entre sus calles que tienen mucha historia, muchas historias que contar.
  • Me gusta el campo y que todo esté tranquilo.
  • Me gusta la noche, pero no volver sola tras una intensa noche deambulando por las calles y la fiesta madrileña.
  • Me gusta la Luna.
  • Me gusta ver las estrellas. Desgraciadamente, por la contaminación, desde aquí no se ven muy bien. En estos casos, prefiero el campo.
  • Me gusta la fiesta.
  • Me gusta aguantar una noche hasta que esa copa de más me sube y me entra como digo yo "el mareillo" y la risa floja.
  • Me gusta bailar entre la gente y seguir el ritmo de la música, el ritmo que dicta mi corazón, y los demás, ¡que miren si quieren!
  • Me gustan las tardes de Retiro y sentarnos en nuestro sitio, elegido por nosotros: cerca de La Rosaleda y no parar de hablar y hacer el tonto.
  • Me gustan ellas, mis amigas.
  • Me gustan nuestras tardes, con nuestros secretos. Me gusta estar callada y escuchar sus historias, ¡y si son de amor mejor! y no perderme ni un detalle.
  • Me gusta dar abrazos en los momentos idóneos.
  • Me gustan los abrazos de reconciliación.
  • Me gusta llorar al unísono con ellas.
  • Me gustan las reconciliaciones.
  • Me gusta mis ataques repentinos de locura: saltar y gritar.
  • Me gusta la música de todos los tipos.
  • Me gusta escribir.
  • Me gusta una buena película con cualquier guarrería para comer.
  • Me gusta el atardecer.
  • Me gusta el amanecer en la playa.
  • Me gustan las vacaciones.
  • Me gustan las discusiones de convivencia que luego se resuelven.
  • Me gusta reír.
  • Me gusta que me hagan cosquillas.
  • Me gusta el verano.
  • Me gusta tirarme a la piscina pero que no me tiren.
  • Me gusta meterme poquito a poco en el agua fría y que el agua llegue hasta mi ombligo, tener un escalofrío y sumergirme.
  • Me gusta tomar el sol en la playa, piscina, en cualquier lado me gusta el sol, siempre con mi toalla (que no se llene de arena) y lo más importante: protección para mi piel que ante cualquier descuido ya estoy como un cangrejo.
  • Me gusta la Navidad.
  • Me gusta no poder dormir en la noche de Reyes por los nervios a pesar de mis casi 20 años.
  • Me gusta que nieve aunque aquí, en Madrid ocurre muy poco. Por eso cuando ocurre, es un milagro.
  • Me gusta dejarme caer rodando por las colinas del parque de mi casa.
  • Me gusta la primavera y pasear por el parque... tomándome antes la pastilla de la alergia.
  • Me gustan los animales.
  • Me gustan las plantas y sus flores pero me cuesta mantenerlas vivas por mis despistes y eso de no regarlas en su momento.
  • Me gusta viajar.
  • Me gusta ver fotos de sitios insólitos, bellos, increíbles.
  • Me gusta correr riesgos, a veces.
  • Me gusta ese nerviosismo y ese dolor de tripas antes de montar en la montaña rusa.
  • Me gusta hacerme fotos y poner cualquier postura y hacer el tonto en ellas.
  • Me gusta comprar ropa aunque no sé si soy ya una compradora compulsiva o como dicen los ingleses: una shopaholic.
  • Me gustan las comedias románticas, y sólo románticas también y que se me escape una lagrimita de emoción en cualquier sala de cine.
  • Me gusta meterme debajo de las sábanas en una noche de tormenta.
  • Me gusta dormir.
  • Me gusta no dormir cuando vengo de fiesta y recordar esa noche de desfase.
  • Me gusta mi familia entera porque familia no hay más que una.
  • Me gusta levantarme con energía.
  • Me gusta leer, me da igual el género.
  • Me gusta recibir felicitaciones cuando escribo algo que gusta a los demás.
  • Me gusta que me recompensen por mi esfuerzo.
  • Me gusta comer hasta hartarme.
  • Me gustan las corazonadas.
  • Me gusta estar sola y escuchar música en mi reproductor de música que llevo a todos lados.
  • Me gusta ser rara.
  • Me gusta ser bipolar.
  • Me gusta soñar. Muchas veces mis sueños pecan de realidad y hacen que me despierte preguntándome a mí misma si realmente lo que he soñado ha pasado en realidad o no.
  • Me gusta tomar cerveza en cualquier terracita de Madrid.
  • Me gusta cuando llega el invierno y poner delante del armario toda la ropa de invierno. 
  • Me gusta sacar los bikinis nada más empezar el verano.
  • Me gusta ver fotos antiguas.
  • Me gusta compartir secretos.
  • Me gusta decorar.
  • Me gusta aprender.
  • Me gusta nadar y bucear.
  • Me gusta que me tiemblen las piernas, que se me ponga ese nudo en la garganta, bajar la mirada ante cualquier desconocido y sentirlo cerca aunque ya no es tan desconocido.
  • Me gusta enamorarme a mi manera aunque creo que nunca me he enamorado de verdad.
  • Me gusta cantar bajo la ducha y desentonar.
  • Me gusta el centro y tomarme una napolitana de chocolate en la famosa pastelería de Sol "La Mallorquina".
  • Me gusta ver los belenes en la Plaza Mayor en Navidad.
  • Me gusta hacer competiciones con mi familia a ver quién acaba el primero con las uvas en las 12 campanadas.
  • Me gusta rezar y sentir esa paz y tranquilidad inmensa porque sé que Él siempre me escucha.
  • Me gusta ir a las librerías y hojear todos los libros.
  • Me gusta el olor de los libros nuevos.
  • Me gusta estrenar una agenda nueva y al terminarla repasar cada momento del año.
  • Me gusta el olor del bizcocho de naranja recién salido del horno de mi madre.
  • Me gusta el trabajo y el empeño que pone mi padre.
  • Me gusta la fuerza de voluntad de mi hermana Esther.
  • Me gusta lo cariñosa que es mi hermana Alicia.
  • Me gusta dar mimos, y que me los den también
  • Me gustan los besos lentos, con dulzura.
  • Me gusta hablar con la gente y que se preocupe por mí.
  • Me gustan las fiestas en casa.
  • Me gusta divertirme en compañía de ellos.
  • Me gustan las motes absurdos.
  • Me gustan las llamadas por teléfono que duren como mínimo, una hora.
  • Me gusta el olor a tierra mojada.
  • Me gusta ver el arco iris.
  • Me gusta el azul.
  • Me gusta ayudar y dar todo por los demás.
  • Me gusta que me entiendan.
  • Me gusta el regaliz y el algodón de azúcar.
  • Me gusta darme cuenta de mis errores.
  • Me gusta mi paciencia.
  • Me gustan las bodas.
  • Me gustan las revistas de cotilleos.
  • Me gusta desentonar.
  • Me gusta escuchar discos en las tiendas de música.
  • Me gusta experimentar.
  • Me gusta mi flexibilidad.
  • Me gusta mi constancia.
  • Me gusta saborear el primer helado del verano.
  • Me gustan las mandarinas. A decir verdad, soy adicta a ellas.
  • Me gusta el chocolate.
  • Me gusta coleccionar cosas. Entre mis excentricidades está coleccionar sellos, tickets de ropa, etiquetas de ropa y entradas de cine.
  • Me gusta atiborrarme de agua cuando estoy sedienta.
  • Me gusta hacer visitas culturales.
  • Me gustan las alturas.
  • Me gustan las risas contagiosas.
  • Me gusta hacer flashback.
  • Me gusta ser feliz.




viernes, 27 de julio de 2012

Como rocas

Nos venden prototipos perfectos de hombres y mujeres y nos pasamos la vida intentando ser como ellos: haciendo ejercicio, llevando dietas inadecuadas, comiendo sin sal sin disfrutar de los pequeños placeres de la vida. Porque nos quieren vender un producto y quieren que seamos todos iguales llegando a menospreciar nuestro verdadero aspecto. Y digo yo, ¿por qué tenemos que ser todos iguales? ¿No será mejor que cada uno potencie sus propias virtudes y deje de preocuparse por lo de fuera y pueda ser uno mismo? No quiero nada igual, porque la monotonía me aburre.

Al fin y al cabo lo de fuera es perecedero como cualquier fruta, sin embargo lo de dentro dura para siempre.  Podríamos decir que es como una roca. Una roca que va siendo erosionada por las olas de la vida. Puede ser más pequeña, más grande; más plana, más ancha; pero nunca encontrarás dos piedras iguales, al igual que los seres humanos.

Somos rocas. Duros como una roca aunque no nos lo creamos ya que aguantamos el peso del día a día. Nos hace fuertes y nos convierte en héroes. Ese héroe desconocido que todos llevamos dentro y que muchas veces se esconde, o lo escondemos mejor dicho, pero que espera paciente hasta su próxima salida para salvar tu mundo.

"Sé duro como una roca. Forma tu propia piedra angular."


miércoles, 25 de julio de 2012

Dos cosas nada más

Lo queremos todo y todo no se puede tener. Yo, ahora mismo, solo pido dos cosas: que no nos atormente el pasado y que sólo nos depare la felicidad.




martes, 24 de julio de 2012

Irreal

"El amor incondicional es tan irreal como el Ratoncito Pérez o el tinte de pelo que protege el medio ambiente."

GOSSIP GIRL

lunes, 23 de julio de 2012

Honey

Llevaba ya mucho tiempo queriendo escribir sobre ella pero no encontraba ni el momento ni la ocasión idónea. Le dí largas y prometí escribir sobre ella algún día pero no me salía… Pero ¿qué mejor momento que hoy, cuando la homenajeada cumple 20 años?

Me resultaba, mejor dicho me resulta muy difícil escribir sobre ella. Sí, difícil fue lo primero que pensé cuando tuve la primera conversación con ella. A decir verdad, a primera vista yo la ví bastante cerrada, como que sólo interactuaba con los que ya conocía y se me hizo bastante difícil (valga la redundancia) llegar hasta ella. Sinceramente, no sé ni cómo empecé a hablar con ella, creo que todo empezó porque yo empecé a hablar con sus mejores amigas. Tampoco es que no nos conociéramos porque ya nos conocíamos desde que teníamos 5 años. Era un “sí, yo te conozco y tú a mí también”.

Poco a poco y las famosas salidas en fin de semana hacían más amena mi situación por esos momentos. Ella convirtió pasito a pasito mi cielo gris en uno azul sin que yo me diese cuenta. En uno de los peores momentos exploté, ¿y quién estuvo allí? Ella. Fue la primera en escuchar ese tema algo escabroso que me atormentaba desde hacía un tiempo y me dió fuerza para enfrentarme a ello. Creo que una de sus muchas virtudes es esa: la valentía. Mirar a los problemas y enfrentarlos. Lo que más me sorprendió es que perdí una batalla pero ella me defendió a capa y espada conociéndome tan poco.
A partir de ahí todo cambió, ahí empezó todo. Empecé a escuchar su historia, su vida, que como siempre había sido algo más entretenida que la mía. Me gustaba ver cómo se “leían” la mente entre ellas y llegué a pensar: ¿Alguna vez podré hacer yo eso? Obviamente no sabía lo que me deparaba el futuro. Me gustaba su forma de pensar, de vestir, de caminar, de vivir la vida intensamente, me gustaba todo de ella. Pero ella aún no se había abierto del todo, según mi perspectiva. Pasaron los meses y me fui adaptando a su ritmo de vida del cual yo muchas veces me cansaba, no de aburrimiento sino de tanta intensidad todo el tiempo. Ella seguía, pero yo no aguantaba el ritmo, tenía que parar y coger aire. Ese aire tan puro que ella desprendía.

Nuestros caminos siguieron más juntos que nunca porque llegó el temido momento de elegir tu futuro y todos pensábamos que no íbamos a estar más con la gente que queríamos. Curiosamente, ella y yo elegimos el mismo que nos dictó el corazón; así, por casualidades de la vida. He de decir que me siento muy afortunada porque creo que soy la que más veces veo entre semana. Muchos me tendrán envidia, pero yo lo único que pensaba era: “Sí, soy su amiga, ¡al fin!”.

Aprendimos y nos preocupaban las mismas cosas. Me llegué a acomodar a su forma de pensar que al fin y al cabo no era tan complicado como yo me pensaba. Por fin podía “leerle” la mente. Por fin se había abierto del todo a mí y eso me produjo una inmensa felicidad.

Grandes cambios han sucedido desde que somos amigas. Unos para bien y otros para mal, pero el caso es que hemos seguido ahí juntas en la trinchera de la vida. Creo que has sido tú la que ha notado más cambios en mí a pasos cada vez más agigantados durante este tiempo y con eso me quedo satisfecha, ya que tú has sido una de las personas que ha protagonizado este cambio para bien. Quiero que estés orgullosa de mí.

Inesperadamente el amor llegó a tu vida y al principio yo era un poco hostil y recelosa a compartirte con alguien más pero si te digo que llegué a acostumbrarme, incluso a alentarte a que todo siguiese adelante porque algo cambió en ti, algo que muchos y yo notaron y es ese brillo en los ojos que toda persona enamorada tiene. Algo se accionó dentro de ti para ser más paciente, más cariñosa, más tú. Ese tú escondido que tenías desde siempre y que no querías mostrar por miedo a que te hicieran más daño.

No recuerdo ningún enfado contigo salvo uno no hace mucho, pero en verdad se necesitaba para recordarnos que ante la adversidad tenemos que estar unidas. Y eso hizo que ese lazo invisible al que yo llamo amistad se hiciera más fuerte.

Muchos querrán ser como tú, pero tú eres única. Me gusta tu valentía, tu fuerza de voluntad, tu comprensión, tus razones, nuestras miradas cómplices, nuestros apelativos cariñosos, tus consejos, tu forma de sacarme una sonrisa cuando lloro, tus abrazos, tus ataques repentinos de amor hacia mí, tu sonrisa, tu energía, tus historias alocadas… Tú, me gustas tú. Si pudiese describirte en una palabra, ¡claro que lo haría! Justo hay un adjetivo que me viene al pelo y es… INDOMABLE.




Y como colofón dejo aquí nuestra canción...




domingo, 22 de julio de 2012

Una historia que contar

Mundo loco. La vida da demasiadas vueltas. Lo que antes era negro ahora es blanco. Ha cambiado a mejor y me alegro. Pensé que nunca llegaría a decir esto y es que a decir verdad el tiempo lo cura todo. La enésima herida del corazón ha cicatrizado, ¡ya era hora! Todos tenemos las típicas canciones que nos recuerdan a esa persona y que finalmente acababa asomando alguna que otra lágrima. Ahora aparecían aleatoriamente estas canciones en mi reproductor de música y ni me inmutaba. Nada, ni aunque lo intentase con todas mis fuerzas. Parecía que no tenía lágrimas y a partir de ahí decidí que había que pasar página.

Alguna vez confesé que te echaba de menos y quien me escuchó puso el grito en el cielo. ¿Cómo podía ser? me repetía ella una y otra vez. Yo no sabía ni el cómo ni el por qué, simplemente te quería tener cerca y volver a acariciarte. Sin embargo, la respuesta me ha venido a la cabeza no hace mucho: A ti no te echo de menos aunque no pare de recordarte ni soñarte. Lo que echo de menos es una historia que contar. Una historia que al contarla aparezca una pequeña sonrisa, una historia de verdad, no como la de las películas ni mucho menos. Quiero una historia diferente y rara como yo.

Ya sé que me negué en rotundo desde un principio a esto, pero en lo más profundo de mí se albergan anhelos de romanticismo.

No sé cuando dejaré de acordarme de ti aunque ya me han dicho que eso nunca se olvida... Tu nombre grabado a fuego a lo largo de la cicatriz que aloja mi corazón lo dice todo. Pero lo más importante de todo esto es que ya NO duele y con eso me conformo para seguir siendo día a día un poquito más feliz.






viernes, 20 de julio de 2012

No regales a cualquiera

Ya no valoramos las cosas, al menos como antaño. Jugamos con todo y luego lo tiramos sin darle ninguna importancia. Por eso sufrimos, sufrimos nosotros y el amor. Al parecer todo síntoma de cariño se ha perdido y no tiene el significado que realmente debería tener. ¿Dónde han quedado esos abrazos sinceros al despedirte de alguien? ¿Dónde han quedado esas caricias y que la piel se te erice sin pedir nada a cambio? ¿Dónde han quedado esos besos robados en el portal para que nadie os viera?

Ahora abrazamos por gusto, para que el otro se quede tranquilo y de la sensación de que todo vaya bien aunque realmente vaya mal.

Acariciamos para pedir algo más, un favor, para ver que el otro se sienta querido y piense que es el/ la único/a para ti.

Y bueno, ya lo "más de lo más" es eso de los besos. Regalamos nuestra boca, nuestros labios, nuestros besos a cualquiera, al primero/a que pasa. Que no sólo es saliva o atracción, es algo más. Yo por lo menos veo algo más profundo, ¿y vosotros? Porque cuando besas, das algo de ti que ya se quedará para siempre en el otro en forma de recuerdo, tanto para bien como para mal. ¿Os imagináis partes de vosotros dispersadas en otras personas que conocéis de vista, conocidos o no tan conocidos por ahí? Sería un desastre: te perderías a ti mismo ante la imposibilidad de recoger tantas partes de ti esparcidas, olvidadas, incluso sin dueño.

Por eso, ahora os digo que no regaléis tantos besos, ni aceptéis tantas bocas prohibidas porque al final enloqueceréis hasta el punto de no reconocerte y decir frente al espejo: ¿Qué es lo que he hecho?

Simplemente, siente y deja que el corazón hable por ti, por vosotros y ahí empezará todo.


viernes, 6 de julio de 2012

Grita

Porque a cada calada de aire que tomas, te duelen los pulmones; a cada paso que das, las piernas se vuelven más pesadas; cada vez que intentas mirar entre la niebla, los ojos te piden que los cierres; cada vez que oyes una palabra, una ofensa, las lágrimas quieren anegar los ojos.


martes, 3 de julio de 2012

Mundos paralelos

Fuimos un todo y ahora somos un nada. Yo mi vida, tú la tuya, muy a gusto. ¿Para qué dijimos planes de futuro si ya sabemos cómo somos? Ni contigo ni sin ti. Quizás un término medio no me importaría, podría llegar a acostumbrarme en vez de taladrarme tanto la cabeza.

¿Que los polos opuestos se atraen? ¿Carga positiva? ¿Carga negativa? No sé yo. Nosotros somos dos imanes que se repelen y que no se van a juntar cuando hicimos aquel pacto de no hablarnos.

Que tú estás bien, que yo estoy mal; que tú ríes, que yo lloro. Pronto cambié el chip y estuvimos en igualdad.

Muy distintos. Dos caminos que se juntaron y se separaron al instante, muy paralelos. Si volvieran a juntarse... ¡No quiero ni pensarlo! Pero nos vino muy bien a los dos como vía de escape y ahora tan separados y tan bien. Somos como dos desconocidos que se conocen.

sábado, 30 de junio de 2012

Foto finish

- Me han dado todo lo que les he pedido. También Hunt.
+ Y, ¿por qué no estás celebrándolo?
- Mmm, nadie me ha querido nunca así.
+ No reconoces lo que ves, Karev. El público enfervorizado, la gente haciendo fotos, la foto de la cinta al romperla.
- ¿De qué está hablando?
+ De cómo te sientes cuando acabas el primero.


ANATOMÍA DE GREY


El doble de nada. La mitad de todo

A muchos les gusta pensar que los sueños superan a la realidad (yo también me incluyo). Eso que tantas veces sueñas, inconscientemente, que lo deseas con todas tus fuerzas y lo ves tan nítido, tan cercano, que ya te ves dentro de la escena que te has montado en tu pequeña cabecita. A decir verdad, acabas asustándote por su hiperrealismo. Y de repente, "fiuuuu", se esfuma. Y ahí es cuando la realidad te da una bofetada. Empieza un nuevo día. No paras de pensar en lo soñado y sonríes para ti, en secreto. Sólo toca esperar con ansia otra noche con sueños mágicos que la vida todavía, no te da.



Liberando tensiones

Y es que nos quejamos por todo. Incluso de lo que está bien y correcto. Porque nos gusta molestar y no nos conformamos con lo que tenemos delante y que muchas veces es lo mejor que hay. Porque estamos ciegos y no somos capaces de abrir los ojos, oír la verdad y asentir. Así nos pasa, que de tanta queja nos hartamos y en vez de disfrutar de la vida, de TU vida; que sólo hay una, la estás dejando pasar por gilipolleces del tipo: "es que no me hace caso", "es que estoy solo", "es que no puedo más", "no lo voy a conseguir", "es muy difícil", "nada llega", "quiero esto porque todo el mundo lo tiene"... Pues joder (siento ser tan brusca y mal hablada pero esto me nerva mucho), dejad ya de quejaros tanto y arrimad el hombro.  Porque aunque hoy veas que el día sea gris y una mierda, en realidad es bueno porque precede a un mañana mejor. Porque aunque el presente vaya bien, el futuro será mejor; yo, lo presiento: inesperado, incierto y maravilloso. Así quiero que sea mi futuro: sin quejas ni lamentaciones, ni remordimientos, ni nostalgia... Sólo vida. VIVIR es lo que quiero. Vivir es el futuro.



domingo, 17 de junio de 2012

Atardecer

Imagina un atardecer. Sí ya sabes, de esos que salen siempre en las películas justo cuando el Sol va a desaparecer y va a dar paso a la Luna. Estás en la playa con el ruido de fondo de las olas que vienen y van. No se aburren, hacen siempre lo mismo, pero en sí sus movimientos son tan relajantes...

Estás tumbada en tu toalla con tus gafas de sol y tu cuerpo recibe los últimos rayos de sol. Das un sorbo a ese té helado que tanto te gusta y que pasa de tu boca a tu garganta reconfortándote. A lo lejos ves a alguien   que sale del agua. Es él. Llega corriendo hacia ti y te salpica y odias que siempre haga eso. Extiende su toalla y se queda mirándote, muy fijamente. Entonces tú, le miras a los ojos y te pierdes llegando incluso a marearte. Apartas la mirada, sonríes y te sonrojas. Él lo ha percibido y empieza a hacerte cosquillas. No hay sonido que más le guste que el de tus carcajadas, tan estruendosas y a la vez tan especiales.

Te coge en brazos y vais directos al mar. Tú intentas desesperadamente bajar pero él tiene más fuerza que tú. Frío mucho frío, pero acabas acostumbrándote a esa agua salina. Sientes por detrás unos brazos rodeándote y te das la vuelta. Ves su cara. Nunca antes habías visto un rostro igual y eso que habías soñado tantas veces con la persona adecuada e imaginabas cómo sería su rostro. Ahora, sus facciones eran para ti la belleza absoluta. No es que fuese el más guapo de todos, simplemente, su cuerpo era armonía para ti. Cerráis los ojos y ya sabéis lo que viene ahora: besos. Besos salados, como el mar; besos dulces, como él; besos tiernos, como tú.

Salís del agua agarrados de la mano y recogéis vuestras cosas y os dirigís hacia ese chollo de apartamento que habéis reservado por Internet. La verdad es que fue una ganga comparado con todo lo que realmente era y te ofrecía. Abrimos la puerta y dejamos las cosas tiradas allí, en cualquier parte del salón. Tú vas directamente a la ducha: la arena por todo el cuerpo es algo que has odiado desde que eras una niña cuando hacías castillos de arena en la orilla del mar.

Tras quitarte toda la sal y arena del cuerpo sales como nueva. Llegas a ese amplio dormitorio y a través de la ventana te das cuenta de que ya es de noche. Vas al armario y te pones la ropa interior y ese camisón azul que tanto te gusta. Estás pensando en qué hacer de cena y vas hacia la cocina. Justo en el pasillo oyes que dice tu nombre. Está en la terraza, "¿qué querrá ahora?" piensas en ese momento. La terraza es amplia, con una mesa de madera en el centro y varias rosas a su alrededor; en su mayoría, blancas. Lo mejor de todo: las vistas. Ves de fondo el mar, ese inmenso mar azul que te embelesa. Cuando sales a la terraza no lo puedes creer: él está ahí esperando con la mesa puesta, cual príncipe en su castillo con los mejores manjares esperando a que llegue su amada princesa para empezar la velada.

Hay poca luz con esa lámpara tan pequeña que hay afuera pero se intensifica más con las velas que él ha puesto en la mesa y por el suelo formando un círculo. La verdad es que la cena no podría haber salido mejor. Y lo mejor de todo es que ha preparado todo lo que te gusta, cosa que no puedes llegar a creer porque no sabe cocinar ni un huevo frito: Todas las veces que has cenado con él en alguna de vuestras casas y siempre has tenido que llevar tú las riendas en la cocina. "Debe de haberle costado mucho hacerlo", te decías a ti misma una y otra vez.

Exquisita. Ese ha sido el resumen. Te coge en brazos y te lleva hacia la habitación. Tú cierras los ojos y te dejas caer cuidadosamente sobre la cama. Enciende su reproductor de música y os dejáis llevar por ella. Desnudos y sin pudor comenzáis ese vaivén de caderas imitando el mismo movimiento de aquellas olas que habíais visto por la tarde en la playa. Parece que no os cansáis aunque el sudor os empape. Es ese motor llamado amor el que no os hace parar. Sólo vosotros fuisteis testigos de ese acto. Bueno no, la Luna y las estrellas, también.

Y acabáis mirándoos por enésima vez, cara a cara, al natural y ambos podéis ver reflejadas en vuestras pupilas, vuestras almas.

No sé si lo hizo aposta o no, pero dió en el clavo con las canciones que eligió que sonaran en esa fantástica e inolvidable noche...







Puede que no estéis justamente en una playa para poder hacer esto mismo. Seguramente, estaréis con cualquier gadget leyendo y teniendo quizás, un poco de envidia. A mí, me pasa igual. Creo que todos deberíamos tener un momento parecido a este con esa persona especial. Y si no lo has tenido aún (como es mi caso), espera con paciencia, que todo llega.

miércoles, 13 de junio de 2012

At the top

Tras una dura subida llena de sudor, lágrimas y sobretodo sonrisas he llegado arriba, arriba del todo, a la cima. Desde arriba, la vista es espectacular. Sin palabras. Los rayos del sol me ciegan pero no impiden maravillarme de todo lo que me rodea, lo de abajo. ¿Y qué es lo de abajo? Veo personas, caras conocidas. Ahí están todas y cada una de las personas que han pasado por mi vida y que me han hecho ser lo que soy ahora. Grito para saludarles pero no me oyen. Voy girando sobre mí misma y hay personas por todos lados. Las hay que sólo he visto de pasada, las hay que son amigos de amigos, las hay que fueron amigos de la infancia, las hay que fueron amigos de clase, las hay que veo todos los días, en clase, las hay que veo sólo en fin de semana, las hay que pasan conmigo mis penas y alegrías (amigos), mi familia, las hay que han pasado sólo 4 horas conmigo y han marcado mi vida para siempre. Y ¿por qué cuatro me diréis? Bueno, yo sé lo que me digo... Es difícil de explicar, pero ya os lo contaré en otra ocasión. Los hay que no he visto hace meses, incluso años! 

Sigo girando y girando y veo un camino, mi camino. Ese que he construido durante casi 20 años de mi vida, de mi llegada a este mundo en el mismo instante que di mi primer llanto hasta ahora, sentada ante una pantalla de ordenador mostrándoos lo que siento. Ese camino que a veces se me ha hecho tan cuesta arriba, parecía que no tenía fin. Poco a poco la montaña se hacía más grande, y el camino más largo. Estoy creciendo. Estoy madurando. Muchos tramos se me han hecho cortos y muy amenos pero porque tenía gente al lado que me daba la mano. Ha habido muchos tramos muy escarpados en los que he andado sola, sin ayuda de nadie, con tormenta. Pero me ha venido bien, me hizo ser fuerte.

Pero hace poco que he llegado a la cima y tras ver el paisaje miro hacia arriba. Nubes. Cielo. Ese cielo azul que me encanta. Más bien, el azul me encanta, me apasiona. Me tumbo para admirarlo mejor. Las nubes que eran nubes de tormenta hace unos años ahora son blancas, apetecibles. Oigo una voz que me llama, que susurra mi nombre, que me da energía para levantarme cada mañana y sentir que algo nuevo, maravilloso e inesperado puede pasarme. Es una señal. Silencio. Cierro los ojos y empiezo a tararear aquella canción que tanto me recuerda a ti. Y rememoro todos nuestros momentos, nuestros 3 años juntas. Pero hace ya muchos años, para ser exactos 16, la muerte me arrebató tu presencia. No hay año que no recuerde nuestra fecha tan especial. Esa fecha que nos hace únicas y que nunca olvidaré. Nuestro número: el 18. "Siempre estarás aquí conmigo". Esas fueron tus palabras que una vez me dijiste cuando yo no medía ni un metro. Y en verdad, siempre estás aquí, en mi mente, en mi corazón. De repente, siento una caricia en mi mejilla y un beso muy tierno que me hace olvidarme de todo. Eres tú, sin lugar a dudas. Me levanto. Salto e intento tocar el cielo. Intento responderte con lo mismo en el lugar que tú estás, el más hermoso de todos. Pero es imposible.

Me toco la mejilla y siento una paz y tranquilidad inmensa. Acabo con una sonrisa, como tú querrías. Vuelvo a mirar hacia abajo: ¿Vértigo? Claro que no. ¿Ganas de bajar? Pocas. 

Ahora estoy en la cima, rozando el cielo y las nubes... ¿Y ahora qué? ¿Qué se supone qué debo hacer ahora? Sólo el tiempo lo dirá... De una cosa estoy segura: Esa montaña que yo veo desde la cima es lo que soy ahora. Puede que no sea perfecta, como la dueña, ni la más bonita, ni la que tenga más verde, pero está aquí por algo. Y ese algo espero que valga la pena.

domingo, 10 de junio de 2012

Por todas aquellas veces

Por todas aquellas veces que quisiste decir no en vez de sí, y viceversa.
Por todas aquellas veces que deseaste haberte callado.
Por todas aquellas veces que quisiste decir algo en el momento adecuado.
Por todas aquellas veces que quisiste haber ganado y perdiste.
Por todas aquellas veces que lloraste en vez de mantener tu hermosa sonrisa.
Por todas aquellas veces que estabas cansado y no conseguías dormirte.
Por todas aquellas veces que esperaste una respuesta de esa persona.
Por todas aquellas veces que aceptaste o te negaste para agradar a alguien.
Por todas aquellas veces que mentiste para no hacer daño a alguien.
Por todas aquellas veces que mentiste para autoconvencerte a ti mismo.
Por todas aquellas veces que te caíste y conseguiste levantarte.
Por todas aquellas veces que te quedaste sin respiración (tanto para bien como para mal).
Por todas aquellas veces que sentiste un desgarro emocional.
Por todas aquellas veces que sentiste caer lágrimas por tus mejillas.
Por todas aquellas veces que comprendiste miradas cómplices.
Por todas aquellas veces que te hicieron madurar.
Por todas aquellas veces que te hicieron ser fuerte.
Por todas aquellas veces que te hacía falta un abrazo sincero.
Por todas aquellas veces que te hacían falta unas palabras de apoyo.
Por todas aquellas veces que necesitabas un amigo y no lo encontrabas.

Sí, por todas aquellas veces que quisiste cambiar algo aunque fuese demasiado tarde y por todas las restantes veces que te puedas imaginar. Pero esto, amigos, es la vida: se sufre, se pierde y se llora. Pero en realidad estamos aquí para esto, ¿no? Para superarnos. Para saber que detrás de un día gris siempre hay un día soleado. Para saber que aunque los peores momentos y más tristes dupliquen, tripliquen, etcétera a los mejores momentos siempre nos valdrá más la mitad, la tercera, cuarta, quinta, etcétera parte de un buen momento para ser felices. Para saber que somos luchadores y podemos con todo lo que nos pongan por medio.

jueves, 7 de junio de 2012

Nada

Ida. Atraída. Vergonzosa. No parar de hablar. Atontada. Excitada. Feliz. Sorprendida. Triste. Odio. Orgullosa. Alicaída. Triste de nuevo. Lágrimas. Pensativa. Masoca. Eufórica. Fuerte. Rara. Centrada. Ilusionada. Feliz de nuevo. Sorprendida de nuevo. Triste de nuevo. Alocada. Centrada de nuevo. Pasota. Egocéntrica. Fuerte de nuevo. Feliz de nuevo. Y ahora...

Ahora nada. Nada de nada. Nunca había sentido esta nada, pero así me siento. Y eso que yo soy muy sentida! Pero el cuerpo me lo pide. Pide reposo por el momento. Pide recuperarse tras estos meses locos, envuelto en este círculo vicioso. Pide calma y serenidad.

"Nada": Palabra que resume sentimientos, miedos, estados de ánimo y lágrimas.

Sure

"The only way to a woman's heart is along the path of torment."

MARQUÉS DE SADE

lunes, 4 de junio de 2012

Si las almohadas hablasen...

Tener un día duro y lo único que quieres hacer es dormir. Decidido a irte a la cama, al tumbarte; miras al techo y empiezas a darle vueltas a todo y al final no puedes dormir (a pesar del cansancio): qué ha pasado hoy, con quién has hablado, qué has pensado, qué has hecho bien, qué has hecho mal, qué podrías mejorar, qué tienes que hacer mañana... Luego empiezas a acordarte de ellos, de tus amigos y de todos vuestros momentos. Sin querer, te sale una sonrisa recordando todo aquello. Sigues dándole vueltas a la cabeza y haces una introspección y te remontas al pasado y llegan a tu mente imágenes difusas de cuando eras niño y piensas: "Qué inocente era ahí" o "qué feliz era".

Cambias de postura, te das la vuelta e intentas conciliar el sueño, pero siguen viniendo imágenes a tu cabeza. Ahora llegan imágenes delicadas, llenas de amor, ternura e incluso desenfreno. Revives ese momento una y otra vez y darías lo que fuera por volver a ese momento, porque volviera a latir el corazón con la misma intensidad, por excitarte, simplemente; por disfrutar. Húmedo. Sientes tu cara y la almohada mojada y te das cuenta de que se te han escapado unas cuantas lágrimas. Nostalgia. Negro. Stop. Ese instante en el que tu mente se queda en negro y no aparece ninguna imagen por miedo a seguir sufriendo y empapar aún más la almohada. Dormir.

Nada más abrir los ojos recuerdas lo que has soñado. A los cinco minutos se va. Malditos y efímeros sueños... Vas dispuesto a comenzar un nuevo día con energía y a olvidar ese pequeño desliz con tu nostalgia, tus recuerdos y tus lágrimas.

Estás en el trabajo, estudiando o  haciendo cualquier otra cosa y en un momento aparece un flash, como que te deslumbra, que te distrae de tu rutina, como un suspiro, un halo, pero sigues con tus tareas. Mientras las haces, ahora la imagen pasa a cámara lenta por tu mente y lo entiendes todo: el sueño ha vuelto a ti, ese que nada más levantarte se ha ido, vuelve para recordártelo: Todo sigue dentro, en tu subconsciente. Esos momentos ya no se pueden borrar aunque tu cabeza se haga la despistada y los guarde en la caja que pone "Olvidados. Dañinos. No tocar". Han quedado grabados cual tinta sobre piel impoluta, ¿por qué? Porque ya no sólo son reales y están en tu cabeza, sino que también están en tu corazón.

No vemos utilidad en una almohada a parte de su función básica (comodidad). Es simple. Ahora estoy valorando a la mía como un objeto valioso que no querría perder porque sabe todo de ti, yo creo que incluso más. Es como un baúl de sueños, ¿verdad? Donde guardas todos tus recuerdos y secretos. Recuerdos y secretos que sacan tu luz y tu oscuridad. Tu risa o tu llanto. Lo que daría yo por abrir el baúl y ver cómo funciona todo esto de los sueños.

Si las almohadas hablasen, más de uno volvería a nacer.




"Sólo al soñar tenemos libertad, siempre fue así y siempre será". El club de los poetas muertos.


domingo, 27 de mayo de 2012

Great

Dediquémonos canciones que nunca hayan sido dedicadas.

A.

Por tu vida pasan cientos de personas que te hacen feliz, que te alegran el día, que te quieren, que te odian, que te hacen odiar, que te ponen triste, que te enfadan, que te hacen llorar, que te hacen reír a todas horas, que te decepcionan, que te consuelan, que te ayudan, que te vuelven loca, que te sorprenden, etc. Pocas personas me han sorprendido en mi corta vida, pero sin duda una de ellas me sorprendió con creces en un momento de cambio en mi vida.

No puedo decir que fuese un gran encuentro, con un simple "¿tienes grupo de trabajo?" empezó todo. El hecho  de no conocerla de nada me intrigaba cada día más a conocerla. No puedo explicar el cómo y el por qué llegamos a un punto en el que no nos podíamos separar y no parábamos de hablar, de contar nuestras historias, de nuestros momentos. Y a decir verdad la que hablaba siempre era ella, yo sólo escuchaba porque en mi vida no había momentos tan, tan... no sé, locos, por llamarlos de alguna manera. Todos los días traía una noticia que me dejaba atónita. Y llegué a plantearme que mi vida era demasiado monótona comparada con la suya.

Llegó el verano. Y como ya sabéis, esta etapa siempre es la etapa de fuego tanto para la amistad, el amor y cualquier relación importante en tu vida porque las visitas y los encuentros se van reduciendo; y para seguir unidos, todo depende de los dos.

Hablábamos todos los días, sí, pero no era lo mismo que verla cada día y descifrar gracias a su cara que estaba feliz o triste y preguntarla qué había pasado.

Pero el verano es un arma de doble filo y tiene un efecto cambiante a veces para mejor y otras veces para peor. Te hace cambiar de mentalidad y madurar a las buenas o a las malas. Ella y yo maduramos a las malas, a base de desilusiones. Nos volvimos a encontrar y aunque la intensidad era la misma por dentro estábamos vacías, sin ganas de empezar o retomar algo. Yo la verdad es que la entendía perfectamente porque me estaba pasando lo mismo pero no en la misma medida. Creo que fue un gran apoyo mutuo y escuchar de su propia voz: "Eres la única que me entiende" me dio fuerzas para luchar por ella para que volviera con sus locas historias, luchar por mí y quizás entender algo más de mi caótica vida, y sobretodo, luchar por nosotras.

Poco a poco fuimos saliendo del "agujero negro" y ya estaba tardando en venir algún que otro enfado. Pues, aquí llegó. Se me hacía raro no hablar con ella cada noche como siempre acordábamos, algo que ya teníamos como rutina, una rutina que no cansaba, que no te hartabas de ella. Y mi confusión sigue: no sé cómo y por qué volvimos a lo de antes. Arrancamos con más fuerza que nunca, pero esta vez cambiaron los papeles: Ella escuchaba, yo contaba. Por primera vez yo tenía cada día una noticia nueva y me encantaba ver su cara que decía "cuenta, cuenta" o "sigue, sigue" Quería más de mí, quería verme bien, con ilusión, con ganas. Y en verdad me gustaba ser ese centro de atención que nunca había sido con mis locas aventuras. Pero no sólo eran locas aventuras como las llamo yo, también le contaba mis problemas, mis días tristes, mis sueños rotos y todo lo malo que había en mí. Se convirtió en una gran confidente a la que muchas veces sólo quería hablar con ella para que únicamente me dijera y me dice siempre: "Todo pasa amor, todo llega". O un simple "Te quiero" hacían de mis momentos más duros, unos momentos un poco más dulces. 

Tengo la sensación de que está dentro de mí, de que cuando yo sufro, ella sufre también, de que cuando yo soy feliz, ella también; y viceversa.

Ahora ambas vivimos en un momento dulce, bonito, feliz. Ella está en buenas manos, disfrutando de cada sorbito que le da la vida. Porque sabe buscar el momento más pequeño de felicidad para darlo de sí y empaparse de él.

Porque es un pedacito de mi historia, un pedacito de mi corazón, un pedacito de mí.



Ella, que todo lo sueña, que todo lo vive.



BA. Gracias.