¿Conoces a Joe Black?
Escribiendo sobre lo que el tiempo me enseña, la mente me pregunta y el corazón me susurra
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lunes, 27 de agosto de 2012
¡Pierde la cabeza!
"El amor es pasión, obsesión, no poder vivir
sin alguien. ¡Pierde la cabeza! Encuentra a alguien a quien amar como loca y
que te ame de igual manera. ¿Cómo encontrarlo? Pues… olvida el intelecto y
escucha al corazón. Porque lo cierto es que vivir sin eso no tiene sentido
alguno. Llegar a viejo sin haberse enamorado de verdad… en fin, es como no
haber vivido. Tienes que intentarlo, porque si no lo intentas, no habrás
vivido".
domingo, 26 de agosto de 2012
¿Y cuánto de bueno hay en lo malo?
Hay tanto de bueno en el peor y tanto de malo en el mejor que es absurdo condenar a nadie.
PROVERBIO HINDÚ
Kilómetro cero
Tarde soporífera en Madrid. Siete y cuarto de
la tarde. Ella estaba allí esperando en la cúpula de Sol. Como siempre ella
llegaba antes de la hora prevista, no le gustaba hacer esperar a los demás.
Inquieta, miraba a los lados por si él había llegado antes de lo previsto:
estaba abarrotado de gente. Gente de todos los tipos: activistas reivindicando
por sus derechos, el típico grupo de chicas haciéndose fotos, gente saliendo de
la cúpula construida no hace mucho, parejas que se reencuentran…
Frente a ella estaba el autocar de donación
de sangre: aún tiene escalofríos recordando la primera vez que donó sangre a
pesar de su miedo a las agujas y su mareo al ver la sangre. Detrás de éste,
estaba el famoso edificio con el famoso cartel del “Tío Pepe” que no sabía muy
bien por qué razón lo habían quitado, ¡es todo un símbolo aquí en Madrid! Sin
él, Madrid perdía toda su esencia e imagen.
Las gafas de sol la protegían de los rayos de
sol y a la vez de la mirada de cualquier desconocido en aquel centro
neurálgico.
Miraba el reloj casi a cada minuto y parecía
que la manecilla del reloj no corría. Siete y media. Hora fijada por los dos.
Llegó puntual a su cita y se saludaron con dos besos en la mejilla. Ella, sin
ningún motivo no se quitó las gafas (por vergüenza más bien) no hacía nada más
que mirar al suelo. Cuando se decidieron a ver qué hacían ella respondía con su
típica indecisión e indeterminación: “Me da igual”. Ella se daba cuenta de su
sosería, tendría que cambiarlo con el tiempo. Querían moverse y eso hicieron.
Se dirigían hacia Ópera. En ese tramo empezaron a hablar de lo típico y alguna
risa que otra soltaron. Se sentaron en uno de esos bancos en aquella placita y
no podían parar de hablar. Ella era muy parlanchina y quería saber más y que él
se enterase de todo. Pusieron rumbo hacia Callao y la impresionante calle Gran
Vía con tantos años de historia. Le hubiera gustado estar en su inauguración a
finales de los años 20 y por qué no, haber visto al distinguido Alfonso XIII
dando el visto bueno. Ahora todo era modernidad y movimiento. A decir verdad,
era su calle favorita y disfrutaba como una niña pequeña señalando cada rincón
demostrándole que conocía a la perfección aquella calle.
Enamorada de su calle con sus tiendas y su
ambiente bajaron de nuevo hacia Sol por la calle Montera más conocida por “la
calle de las putas” (perdón por la expresión) donde se podía ver a cualquier
hora a mujeres ofreciendo sus servicios para ganarse el pan de cada día y poder
mantener a su familia.
Inconscientemente, se aferró a su mano por
miedo. Él la miro y sonrió. La llevó a un chill
out ahora tan de moda por una de las callejuelas de Madrid. Los atendieron
enseguida, y les guiaron al segundo piso, más íntimo. Allí en un ambiente más
oscuro había muchas parejas como ellos, temerosos ante la mirada de cualquiera.
Se sentaron en esos sillones de cuero tan cómodos y se dispusieron a elegir. Al
camarero le pidieron una cachimba sabor sandía. Habían probado muchos sabores
ya, pero ese era uno de los que todavía no habían probado. Aquí ya no hablaron
tanto y dejaron paso a lo demás. Humo, besos y caricias fue lo que siguió en la
hora siguiente. Al terminar, dejaron una pequeña propina. Ya había anochecido y
él puso el brazo por encima de sus hombros y ahí tuvieron que decidir: podían
tomar un helado o cualquier exquisitez en ‘La Mallorquina’ famosa por sus
napolitanas y que ella recordaba con tanto cariño cuando en Navidad se iba con
su padre toda una mañana a la Casa del Libro a buscar “libros para papá” (en
realidad eran libros que su padre necesitaba para el trabajo) y que luego
tenían la recompensa de comerse una napolitana de chocolate tras patearse todo
el centro.
Era verano y un helado reconfortaría de
manera excelente ese calor que todavía hacía. Ella pidió su favorito: avellana.
Y él, chocolate puro, sin nada más. Se sentaron fuera a disfrutar de la pequeña
brisa que corría y a saborear su cremoso helado.
Llegó el momento de la despedida. La tarde se
había pasado volando y no querían despedirse. El beso fue largo, mágico, con
sabor a impaciencia, sabor a timidez, sabor a interés, sabor a sandía, sabor a
avellana, y por supuesto, sabor a chocolate. A sus pies, estaba la famosa placa
donde comenzaba todo, desde donde se empezaba a contar, desde donde las
carreteras se guiaban para ir a cualquier lugar de España: KILÓMETRO 0.
Metafórico, ¿verdad? ¿Sería para ellos también el comienzo de algo? ¿El
kilómetro cero de su futura carretera?
jueves, 2 de agosto de 2012
La simpleza más simple
Que me hierve la sangre con estos temas. Un fuego recorre y sube por mi garganta esperando a salir por la boca pero que muchas veces se contiene. De hoy no pasa.
Hago un llamamiento a los hombres simples.
Hago un llamamiento a los hombres que dicen que las mujeres somos complicadas.
Hago un llamamiento a sus cambios de humor.
Hago un llamamiento a su bipolaridad.
Hago un llamamiento a sus decisiones espontáneas y sin sentido.
Hago un llamamiento a su poca capacidad de entendimiento.
Hago un llamamiento a su poco tacto.
Hago un llamamiento a sus "hoy te quiero, mañana no".
Hago un llamamiento a su simpleza no tan simple que yo nunca entenderé.
Hago un llamamiento a sus "hoy te escribo, mañana no me acuerdo de ti".
Hago un llamamiento a sus punto y final que ellos ponen sin consultar con nadie.
Hago un llamamiento a la importancia que le dan solamente al físico de una mujer.
Hago un llamamiento a sus sentimientos. Ah! no, que no tienen.
Hago un llamamiento a su corazón si es que todavía lo conservan.
Hago un llamamiento a su forma de embelesarnos y hacernos sentir como una reina.
Hago un llamamiento a su forma de embelesarnos y hacernos sentir como una reina.
Hago un llamamiento a su forma de rompernos el corazón.
Hago un llamamiento a su forma de no sentirse culpables.
Hago un llamamiento a su desinterés repentino.
Hago un llamamiento a su inmadurez.
Hago un llamamiento a su inmadurez.
Hago un llamamiento a su forma de salir airosos de cualquier situación amorosa.
Hago un llamamiento a su interés de un día por una y otro día por otra.
Hago un llamamiento a su patética forma de demostrar a sus amigos que pueden llevarse a cualquier mujer (como si estuviésemos en la selva).
Hago un llamamiento a su torpeza.
Hago un llamamiento a su forma de tratarnos como objetos.
Ahí dejo caer algunas lindezas de todo hombre y que a muchos os identifican aunque digáis que no. Tengo la esperanza de que hay una pequeña e ínfima parte de los hombres que no son así y espero que no se escondan y muestren que de verdad saben tratar a una mujer.
No digo que todos seáis iguales, ni mucho menos; pero la gran mayoría lo demuestra. Mi perdón más sincero a aquellos que no tienen culpa de nada.
lunes, 30 de julio de 2012
Deep
Pero es que hay veces en la vida que hay que meterse donde cubre. La vida es como el mar, tienes que ahogarte para sentir su intensidad.
domingo, 29 de julio de 2012
Esperando lo inesperado
Soy muy meticulosa y cuadriculada con todo. O blanco o negro, no hay término medio y eso casi siempre al final me acaba afectando. Me preocupa mucho mi futuro y muchos estaréis pensando: "Pues como a todos, ¿no?". Y la verdad es que sí. Encima ahora nos pintan un futuro muy negro y a mí me da miedo, mucho miedo.
Yo que todo lo tengo meticulosamente calculado y me asusta el futuro... Es uno de los muchos miedos de cualquier joven. Pero es que hay tantas indeterminaciones en mi vida y el futuro no lo veo. Pero estoy muy equivocada y quiero cambiar esta manía con el tiempo. Porque cuanto más esperes una cosa, planees algo para que salga de cierta manera y forma; el destino juega contigo y le da a todo la vuelta y lo que una vez pensaste que era así, ahora es "asao".
Por eso, os advierto, me advierto a mí misma no esperar al futuro, porque el futuro no avisa, porque quiere sorprenderte. Se ha aliado con la vida para jugar contigo, para ver cómo reaccionas, cómo te defiendes ante la adversidad y la felicidad que te ofrecen. Nunca lo esperes porque las mejores cosas ocurren, cuando menos te lo esperas.
sábado, 28 de julio de 2012
Un poquito de mí
Ante todo, quiero dedicar un pequeño espacio de este pequeño blog que está hecho con mucho amor, con mucha ilusión, con muchos temores, con muchas llantinas a una parte de mí. Algunos ya sabrán muchas de mis peculiaridades y los demás, espero que lo disfruten.
- Me gusta sonreír.
- Me gusta cuando sale el sol y me despierta cada mañana.
- Me gusta quedarme más del tiempo permitido en la cama holgazaneando.
- Me gusta contar los segundos y que pasen los minutos y las horas sin hacer nada.
- Me gustan las tormentas, pero no mojarme.
- Me gusta tumbarme en cualquier parte y mirar el cielo, ese cielo azul que a todos nos gusta y que a mí me pirra.
- Me gusta quedarme horas y horas tumbada en la cama recordando cualquier aventura y que se me escape alguna sonrisa.
- Me gusta llorar de alegría.
- Me gustan ellos, mis amigos.
- Me gusta San Isidro y vestirme de chulapa.
- Me gusta comer nocilla a escondidas, a cucharadas.
- Me gusta mojar las galletas en leche y que se ablanden.
- Me gustan los churros con chocolate en Año Nuevo.
- Me gusta viajar en autobús o en tren y perderme entre mis pensamientos sin que me pase de parada.
- Me gusta mi ciudad (Madrid) y perderme entre sus calles que tienen mucha historia, muchas historias que contar.
- Me gusta el campo y que todo esté tranquilo.
- Me gusta la noche, pero no volver sola tras una intensa noche deambulando por las calles y la fiesta madrileña.
- Me gusta la Luna.
- Me gusta ver las estrellas. Desgraciadamente, por la contaminación, desde aquí no se ven muy bien. En estos casos, prefiero el campo.
- Me gusta la fiesta.
- Me gusta aguantar una noche hasta que esa copa de más me sube y me entra como digo yo "el mareillo" y la risa floja.
- Me gusta bailar entre la gente y seguir el ritmo de la música, el ritmo que dicta mi corazón, y los demás, ¡que miren si quieren!
- Me gustan las tardes de Retiro y sentarnos en nuestro sitio, elegido por nosotros: cerca de La Rosaleda y no parar de hablar y hacer el tonto.
- Me gustan ellas, mis amigas.
- Me gustan nuestras tardes, con nuestros secretos. Me gusta estar callada y escuchar sus historias, ¡y si son de amor mejor! y no perderme ni un detalle.
- Me gusta dar abrazos en los momentos idóneos.
- Me gustan los abrazos de reconciliación.
- Me gusta llorar al unísono con ellas.
- Me gustan las reconciliaciones.
- Me gusta mis ataques repentinos de locura: saltar y gritar.
- Me gusta la música de todos los tipos.
- Me gusta escribir.
- Me gusta una buena película con cualquier guarrería para comer.
- Me gusta el atardecer.
- Me gusta el amanecer en la playa.
- Me gustan las vacaciones.
- Me gustan las discusiones de convivencia que luego se resuelven.
- Me gusta reír.
- Me gusta que me hagan cosquillas.
- Me gusta el verano.
- Me gusta tirarme a la piscina pero que no me tiren.
- Me gusta meterme poquito a poco en el agua fría y que el agua llegue hasta mi ombligo, tener un escalofrío y sumergirme.
- Me gusta tomar el sol en la playa, piscina, en cualquier lado me gusta el sol, siempre con mi toalla (que no se llene de arena) y lo más importante: protección para mi piel que ante cualquier descuido ya estoy como un cangrejo.
- Me gusta la Navidad.
- Me gusta no poder dormir en la noche de Reyes por los nervios a pesar de mis casi 20 años.
- Me gusta que nieve aunque aquí, en Madrid ocurre muy poco. Por eso cuando ocurre, es un milagro.
- Me gusta dejarme caer rodando por las colinas del parque de mi casa.
- Me gusta la primavera y pasear por el parque... tomándome antes la pastilla de la alergia.
- Me gustan los animales.
- Me gustan las plantas y sus flores pero me cuesta mantenerlas vivas por mis despistes y eso de no regarlas en su momento.
- Me gusta viajar.
- Me gusta ver fotos de sitios insólitos, bellos, increíbles.
- Me gusta correr riesgos, a veces.
- Me gusta ese nerviosismo y ese dolor de tripas antes de montar en la montaña rusa.
- Me gusta hacerme fotos y poner cualquier postura y hacer el tonto en ellas.
- Me gusta comprar ropa aunque no sé si soy ya una compradora compulsiva o como dicen los ingleses: una shopaholic.
- Me gustan las comedias románticas, y sólo románticas también y que se me escape una lagrimita de emoción en cualquier sala de cine.
- Me gusta meterme debajo de las sábanas en una noche de tormenta.
- Me gusta dormir.
- Me gusta no dormir cuando vengo de fiesta y recordar esa noche de desfase.
- Me gusta mi familia entera porque familia no hay más que una.
- Me gusta levantarme con energía.
- Me gusta leer, me da igual el género.
- Me gusta recibir felicitaciones cuando escribo algo que gusta a los demás.
- Me gusta que me recompensen por mi esfuerzo.
- Me gusta comer hasta hartarme.
- Me gustan las corazonadas.
- Me gusta estar sola y escuchar música en mi reproductor de música que llevo a todos lados.
- Me gusta ser rara.
- Me gusta ser bipolar.
- Me gusta soñar. Muchas veces mis sueños pecan de realidad y hacen que me despierte preguntándome a mí misma si realmente lo que he soñado ha pasado en realidad o no.
- Me gusta tomar cerveza en cualquier terracita de Madrid.
- Me gusta cuando llega el invierno y poner delante del armario toda la ropa de invierno.
- Me gusta sacar los bikinis nada más empezar el verano.
- Me gusta ver fotos antiguas.
- Me gusta compartir secretos.
- Me gusta decorar.
- Me gusta aprender.
- Me gusta nadar y bucear.
- Me gusta que me tiemblen las piernas, que se me ponga ese nudo en la garganta, bajar la mirada ante cualquier desconocido y sentirlo cerca aunque ya no es tan desconocido.
- Me gusta enamorarme a mi manera aunque creo que nunca me he enamorado de verdad.
- Me gusta cantar bajo la ducha y desentonar.
- Me gusta el centro y tomarme una napolitana de chocolate en la famosa pastelería de Sol "La Mallorquina".
- Me gusta ver los belenes en la Plaza Mayor en Navidad.
- Me gusta hacer competiciones con mi familia a ver quién acaba el primero con las uvas en las 12 campanadas.
- Me gusta rezar y sentir esa paz y tranquilidad inmensa porque sé que Él siempre me escucha.
- Me gusta ir a las librerías y hojear todos los libros.
- Me gusta el olor de los libros nuevos.
- Me gusta estrenar una agenda nueva y al terminarla repasar cada momento del año.
- Me gusta el olor del bizcocho de naranja recién salido del horno de mi madre.
- Me gusta el trabajo y el empeño que pone mi padre.
- Me gusta la fuerza de voluntad de mi hermana Esther.
- Me gusta lo cariñosa que es mi hermana Alicia.
- Me gusta dar mimos, y que me los den también
- Me gustan los besos lentos, con dulzura.
- Me gusta hablar con la gente y que se preocupe por mí.
- Me gustan las fiestas en casa.
- Me gusta divertirme en compañía de ellos.
- Me gustan las motes absurdos.
- Me gustan las llamadas por teléfono que duren como mínimo, una hora.
- Me gusta el olor a tierra mojada.
- Me gusta ver el arco iris.
- Me gusta el azul.
- Me gusta ayudar y dar todo por los demás.
- Me gusta que me entiendan.
- Me gusta el regaliz y el algodón de azúcar.
- Me gusta darme cuenta de mis errores.
- Me gusta mi paciencia.
- Me gustan las bodas.
- Me gustan las revistas de cotilleos.
- Me gusta desentonar.
- Me gusta escuchar discos en las tiendas de música.
- Me gusta experimentar.
- Me gusta mi flexibilidad.
- Me gusta mi constancia.
- Me gusta saborear el primer helado del verano.
- Me gustan las mandarinas. A decir verdad, soy adicta a ellas.
- Me gusta el chocolate.
- Me gusta coleccionar cosas. Entre mis excentricidades está coleccionar sellos, tickets de ropa, etiquetas de ropa y entradas de cine.
- Me gusta atiborrarme de agua cuando estoy sedienta.
- Me gusta hacer visitas culturales.
- Me gustan las alturas.
- Me gustan las risas contagiosas.
- Me gusta hacer flashback.
- Me gusta ser feliz.
viernes, 27 de julio de 2012
Como rocas
Nos venden prototipos perfectos de hombres y mujeres y nos pasamos la vida intentando ser como ellos: haciendo ejercicio, llevando dietas inadecuadas, comiendo sin sal sin disfrutar de los pequeños placeres de la vida. Porque nos quieren vender un producto y quieren que seamos todos iguales llegando a menospreciar nuestro verdadero aspecto. Y digo yo, ¿por qué tenemos que ser todos iguales? ¿No será mejor que cada uno potencie sus propias virtudes y deje de preocuparse por lo de fuera y pueda ser uno mismo? No quiero nada igual, porque la monotonía me aburre.
Al fin y al cabo lo de fuera es perecedero como cualquier fruta, sin embargo lo de dentro dura para siempre. Podríamos decir que es como una roca. Una roca que va siendo erosionada por las olas de la vida. Puede ser más pequeña, más grande; más plana, más ancha; pero nunca encontrarás dos piedras iguales, al igual que los seres humanos.
Somos rocas. Duros como una roca aunque no nos lo creamos ya que aguantamos el peso del día a día. Nos hace fuertes y nos convierte en héroes. Ese héroe desconocido que todos llevamos dentro y que muchas veces se esconde, o lo escondemos mejor dicho, pero que espera paciente hasta su próxima salida para salvar tu mundo.
"Sé duro como una roca. Forma tu propia piedra angular."
miércoles, 25 de julio de 2012
Dos cosas nada más
Lo queremos todo y todo no se puede tener. Yo, ahora mismo, solo pido dos cosas: que no nos atormente el pasado y que sólo nos depare la felicidad.
martes, 24 de julio de 2012
Irreal
"El amor incondicional es tan irreal como el Ratoncito Pérez o el tinte de pelo que protege el medio ambiente."
GOSSIP GIRL
lunes, 23 de julio de 2012
Honey
Llevaba ya mucho tiempo queriendo
escribir sobre ella pero no encontraba ni el momento ni la ocasión idónea. Le
dí largas y prometí escribir sobre ella algún día pero no me salía… Pero ¿qué
mejor momento que hoy, cuando la homenajeada cumple 20 años?
Me resultaba, mejor dicho me
resulta muy difícil escribir sobre ella. Sí, difícil fue lo primero que pensé
cuando tuve la primera conversación con ella. A decir verdad, a primera vista
yo la ví bastante cerrada, como que sólo interactuaba con los que ya conocía y
se me hizo bastante difícil (valga la redundancia) llegar hasta ella.
Sinceramente, no sé ni cómo empecé a hablar con ella, creo que todo empezó
porque yo empecé a hablar con sus mejores amigas. Tampoco es que no nos
conociéramos porque ya nos conocíamos desde que teníamos 5 años. Era un “sí, yo te conozco y tú a mí también”.
Poco a poco y las famosas salidas
en fin de semana hacían más amena mi situación por esos momentos. Ella
convirtió pasito a pasito mi cielo gris en uno azul sin que yo me diese cuenta.
En uno de los peores momentos exploté, ¿y quién estuvo allí? Ella. Fue la
primera en escuchar ese tema algo escabroso que me atormentaba desde hacía un
tiempo y me dió fuerza para enfrentarme a ello. Creo que una de sus muchas
virtudes es esa: la valentía. Mirar a los problemas y enfrentarlos. Lo que más me
sorprendió es que perdí una batalla pero ella me defendió a capa y espada
conociéndome tan poco.
A partir de ahí todo cambió, ahí
empezó todo. Empecé a escuchar su historia, su vida, que como siempre había
sido algo más entretenida que la mía. Me gustaba ver cómo se “leían” la mente
entre ellas y llegué a pensar: ¿Alguna vez podré hacer yo eso? Obviamente no sabía
lo que me deparaba el futuro. Me gustaba su forma de pensar, de vestir, de
caminar, de vivir la vida intensamente, me gustaba todo de ella. Pero ella aún
no se había abierto del todo, según mi perspectiva. Pasaron los meses y me fui
adaptando a su ritmo de vida del cual yo muchas veces me cansaba, no de aburrimiento
sino de tanta intensidad todo el tiempo. Ella seguía, pero yo no aguantaba el
ritmo, tenía que parar y coger aire. Ese aire tan puro que ella desprendía.
Nuestros caminos siguieron más
juntos que nunca porque llegó el temido momento de elegir tu futuro y todos
pensábamos que no íbamos a estar más con la gente que queríamos. Curiosamente,
ella y yo elegimos el mismo que nos dictó el corazón; así, por casualidades de
la vida. He de decir que me siento muy afortunada porque creo que soy la que
más veces veo entre semana. Muchos me tendrán envidia, pero yo lo único que
pensaba era: “Sí, soy su amiga, ¡al fin!”.
Aprendimos y nos preocupaban las
mismas cosas. Me llegué a acomodar a su forma de pensar que al fin y al cabo no
era tan complicado como yo me pensaba. Por fin podía “leerle” la mente. Por fin
se había abierto del todo a mí y eso me produjo una inmensa felicidad.
Grandes cambios han sucedido
desde que somos amigas. Unos para bien y otros para mal, pero el caso es que
hemos seguido ahí juntas en la trinchera de la vida. Creo que has sido tú la
que ha notado más cambios en mí a pasos cada vez más agigantados durante este
tiempo y con eso me quedo satisfecha, ya que tú has sido una de las personas
que ha protagonizado este cambio para bien. Quiero que estés orgullosa de mí.
Inesperadamente el amor llegó a
tu vida y al principio yo era un poco hostil y recelosa a compartirte con
alguien más pero si te digo que llegué a acostumbrarme, incluso a alentarte a
que todo siguiese adelante porque algo cambió en ti, algo que muchos y yo
notaron y es ese brillo en los ojos que toda persona enamorada tiene. Algo se
accionó dentro de ti para ser más paciente, más cariñosa, más tú. Ese tú
escondido que tenías desde siempre y que no querías mostrar por miedo a que te
hicieran más daño.
No recuerdo ningún enfado contigo
salvo uno no hace mucho, pero en verdad se necesitaba para recordarnos que ante
la adversidad tenemos que estar unidas. Y eso hizo que ese lazo invisible al
que yo llamo amistad se hiciera más fuerte.
Muchos querrán ser como tú, pero
tú eres única. Me gusta tu valentía, tu fuerza de voluntad, tu comprensión, tus
razones, nuestras miradas cómplices, nuestros apelativos cariñosos, tus
consejos, tu forma de sacarme una sonrisa cuando lloro, tus abrazos, tus
ataques repentinos de amor hacia mí, tu sonrisa, tu energía, tus historias
alocadas… Tú, me gustas tú. Si pudiese describirte en una palabra, ¡claro que
lo haría! Justo hay un adjetivo que me viene al pelo y es… INDOMABLE.
Y como colofón dejo aquí nuestra canción...
domingo, 22 de julio de 2012
Una historia que contar
Mundo loco. La vida da demasiadas vueltas. Lo que antes era negro ahora es blanco. Ha cambiado a mejor y me alegro. Pensé que nunca llegaría a decir esto y es que a decir verdad el tiempo lo cura todo. La enésima herida del corazón ha cicatrizado, ¡ya era hora! Todos tenemos las típicas canciones que nos recuerdan a esa persona y que finalmente acababa asomando alguna que otra lágrima. Ahora aparecían aleatoriamente estas canciones en mi reproductor de música y ni me inmutaba. Nada, ni aunque lo intentase con todas mis fuerzas. Parecía que no tenía lágrimas y a partir de ahí decidí que había que pasar página.
Alguna vez confesé que te echaba de menos y quien me escuchó puso el grito en el cielo. ¿Cómo podía ser? me repetía ella una y otra vez. Yo no sabía ni el cómo ni el por qué, simplemente te quería tener cerca y volver a acariciarte. Sin embargo, la respuesta me ha venido a la cabeza no hace mucho: A ti no te echo de menos aunque no pare de recordarte ni soñarte. Lo que echo de menos es una historia que contar. Una historia que al contarla aparezca una pequeña sonrisa, una historia de verdad, no como la de las películas ni mucho menos. Quiero una historia diferente y rara como yo.
Ya sé que me negué en rotundo desde un principio a esto, pero en lo más profundo de mí se albergan anhelos de romanticismo.
No sé cuando dejaré de acordarme de ti aunque ya me han dicho que eso nunca se olvida... Tu nombre grabado a fuego a lo largo de la cicatriz que aloja mi corazón lo dice todo. Pero lo más importante de todo esto es que ya NO duele y con eso me conformo para seguir siendo día a día un poquito más feliz.
viernes, 20 de julio de 2012
No regales a cualquiera
Ya no valoramos las cosas, al menos como antaño. Jugamos con todo y luego lo tiramos sin darle ninguna importancia. Por eso sufrimos, sufrimos nosotros y el amor. Al parecer todo síntoma de cariño se ha perdido y no tiene el significado que realmente debería tener. ¿Dónde han quedado esos abrazos sinceros al despedirte de alguien? ¿Dónde han quedado esas caricias y que la piel se te erice sin pedir nada a cambio? ¿Dónde han quedado esos besos robados en el portal para que nadie os viera?
Ahora abrazamos por gusto, para que el otro se quede tranquilo y de la sensación de que todo vaya bien aunque realmente vaya mal.
Acariciamos para pedir algo más, un favor, para ver que el otro se sienta querido y piense que es el/ la único/a para ti.
Y bueno, ya lo "más de lo más" es eso de los besos. Regalamos nuestra boca, nuestros labios, nuestros besos a cualquiera, al primero/a que pasa. Que no sólo es saliva o atracción, es algo más. Yo por lo menos veo algo más profundo, ¿y vosotros? Porque cuando besas, das algo de ti que ya se quedará para siempre en el otro en forma de recuerdo, tanto para bien como para mal. ¿Os imagináis partes de vosotros dispersadas en otras personas que conocéis de vista, conocidos o no tan conocidos por ahí? Sería un desastre: te perderías a ti mismo ante la imposibilidad de recoger tantas partes de ti esparcidas, olvidadas, incluso sin dueño.
Por eso, ahora os digo que no regaléis tantos besos, ni aceptéis tantas bocas prohibidas porque al final enloqueceréis hasta el punto de no reconocerte y decir frente al espejo: ¿Qué es lo que he hecho?
Simplemente, siente y deja que el corazón hable por ti, por vosotros y ahí empezará todo.
viernes, 6 de julio de 2012
Grita
Porque a cada calada de aire que tomas, te duelen los pulmones; a cada paso que das, las piernas se vuelven más pesadas; cada vez que intentas mirar entre la niebla, los ojos te piden que los cierres; cada vez que oyes una palabra, una ofensa, las lágrimas quieren anegar los ojos.
martes, 3 de julio de 2012
Mundos paralelos
Fuimos un todo y ahora somos un nada. Yo mi vida, tú la tuya, muy a gusto. ¿Para qué dijimos planes de futuro si ya sabemos cómo somos? Ni contigo ni sin ti. Quizás un término medio no me importaría, podría llegar a acostumbrarme en vez de taladrarme tanto la cabeza.
¿Que los polos opuestos se atraen? ¿Carga positiva? ¿Carga negativa? No sé yo. Nosotros somos dos imanes que se repelen y que no se van a juntar cuando hicimos aquel pacto de no hablarnos.
Que tú estás bien, que yo estoy mal; que tú ríes, que yo lloro. Pronto cambié el chip y estuvimos en igualdad.
Muy distintos. Dos caminos que se juntaron y se separaron al instante, muy paralelos. Si volvieran a juntarse... ¡No quiero ni pensarlo! Pero nos vino muy bien a los dos como vía de escape y ahora tan separados y tan bien. Somos como dos desconocidos que se conocen.
sábado, 30 de junio de 2012
Foto finish
- Me han dado todo lo que les he pedido. También Hunt.
+ Y, ¿por qué no estás celebrándolo?
- Mmm, nadie me ha querido nunca así.
+ No reconoces lo que ves, Karev. El público enfervorizado, la gente haciendo fotos, la foto de la cinta al romperla.
- ¿De qué está hablando?
+ De cómo te sientes cuando acabas el primero.
ANATOMÍA DE GREY
El doble de nada. La mitad de todo
A muchos les gusta pensar que los sueños superan a la realidad (yo también me incluyo). Eso que tantas veces sueñas, inconscientemente, que lo deseas con todas tus fuerzas y lo ves tan nítido, tan cercano, que ya te ves dentro de la escena que te has montado en tu pequeña cabecita. A decir verdad, acabas asustándote por su hiperrealismo. Y de repente, "fiuuuu", se esfuma. Y ahí es cuando la realidad te da una bofetada. Empieza un nuevo día. No paras de pensar en lo soñado y sonríes para ti, en secreto. Sólo toca esperar con ansia otra noche con sueños mágicos que la vida todavía, no te da.
Liberando tensiones
Y es que nos quejamos por todo. Incluso de lo que está bien y correcto. Porque nos gusta molestar y no nos conformamos con lo que tenemos delante y que muchas veces es lo mejor que hay. Porque estamos ciegos y no somos capaces de abrir los ojos, oír la verdad y asentir. Así nos pasa, que de tanta queja nos hartamos y en vez de disfrutar de la vida, de TU vida; que sólo hay una, la estás dejando pasar por gilipolleces del tipo: "es que no me hace caso", "es que estoy solo", "es que no puedo más", "no lo voy a conseguir", "es muy difícil", "nada llega", "quiero esto porque todo el mundo lo tiene"... Pues joder (siento ser tan brusca y mal hablada pero esto me nerva mucho), dejad ya de quejaros tanto y arrimad el hombro. Porque aunque hoy veas que el día sea gris y una mierda, en realidad es bueno porque precede a un mañana mejor. Porque aunque el presente vaya bien, el futuro será mejor; yo, lo presiento: inesperado, incierto y maravilloso. Así quiero que sea mi futuro: sin quejas ni lamentaciones, ni remordimientos, ni nostalgia... Sólo vida. VIVIR es lo que quiero. Vivir es el futuro.
domingo, 17 de junio de 2012
Atardecer
Imagina un atardecer. Sí ya sabes, de esos que salen siempre en las películas justo cuando el Sol va a desaparecer y va a dar paso a la Luna. Estás en la playa con el ruido de fondo de las olas que vienen y van. No se aburren, hacen siempre lo mismo, pero en sí sus movimientos son tan relajantes...
Estás tumbada en tu toalla con tus gafas de sol y tu cuerpo recibe los últimos rayos de sol. Das un sorbo a ese té helado que tanto te gusta y que pasa de tu boca a tu garganta reconfortándote. A lo lejos ves a alguien que sale del agua. Es él. Llega corriendo hacia ti y te salpica y odias que siempre haga eso. Extiende su toalla y se queda mirándote, muy fijamente. Entonces tú, le miras a los ojos y te pierdes llegando incluso a marearte. Apartas la mirada, sonríes y te sonrojas. Él lo ha percibido y empieza a hacerte cosquillas. No hay sonido que más le guste que el de tus carcajadas, tan estruendosas y a la vez tan especiales.
Te coge en brazos y vais directos al mar. Tú intentas desesperadamente bajar pero él tiene más fuerza que tú. Frío mucho frío, pero acabas acostumbrándote a esa agua salina. Sientes por detrás unos brazos rodeándote y te das la vuelta. Ves su cara. Nunca antes habías visto un rostro igual y eso que habías soñado tantas veces con la persona adecuada e imaginabas cómo sería su rostro. Ahora, sus facciones eran para ti la belleza absoluta. No es que fuese el más guapo de todos, simplemente, su cuerpo era armonía para ti. Cerráis los ojos y ya sabéis lo que viene ahora: besos. Besos salados, como el mar; besos dulces, como él; besos tiernos, como tú.
Salís del agua agarrados de la mano y recogéis vuestras cosas y os dirigís hacia ese chollo de apartamento que habéis reservado por Internet. La verdad es que fue una ganga comparado con todo lo que realmente era y te ofrecía. Abrimos la puerta y dejamos las cosas tiradas allí, en cualquier parte del salón. Tú vas directamente a la ducha: la arena por todo el cuerpo es algo que has odiado desde que eras una niña cuando hacías castillos de arena en la orilla del mar.
Tras quitarte toda la sal y arena del cuerpo sales como nueva. Llegas a ese amplio dormitorio y a través de la ventana te das cuenta de que ya es de noche. Vas al armario y te pones la ropa interior y ese camisón azul que tanto te gusta. Estás pensando en qué hacer de cena y vas hacia la cocina. Justo en el pasillo oyes que dice tu nombre. Está en la terraza, "¿qué querrá ahora?" piensas en ese momento. La terraza es amplia, con una mesa de madera en el centro y varias rosas a su alrededor; en su mayoría, blancas. Lo mejor de todo: las vistas. Ves de fondo el mar, ese inmenso mar azul que te embelesa. Cuando sales a la terraza no lo puedes creer: él está ahí esperando con la mesa puesta, cual príncipe en su castillo con los mejores manjares esperando a que llegue su amada princesa para empezar la velada.
Hay poca luz con esa lámpara tan pequeña que hay afuera pero se intensifica más con las velas que él ha puesto en la mesa y por el suelo formando un círculo. La verdad es que la cena no podría haber salido mejor. Y lo mejor de todo es que ha preparado todo lo que te gusta, cosa que no puedes llegar a creer porque no sabe cocinar ni un huevo frito: Todas las veces que has cenado con él en alguna de vuestras casas y siempre has tenido que llevar tú las riendas en la cocina. "Debe de haberle costado mucho hacerlo", te decías a ti misma una y otra vez.
Exquisita. Ese ha sido el resumen. Te coge en brazos y te lleva hacia la habitación. Tú cierras los ojos y te dejas caer cuidadosamente sobre la cama. Enciende su reproductor de música y os dejáis llevar por ella. Desnudos y sin pudor comenzáis ese vaivén de caderas imitando el mismo movimiento de aquellas olas que habíais visto por la tarde en la playa. Parece que no os cansáis aunque el sudor os empape. Es ese motor llamado amor el que no os hace parar. Sólo vosotros fuisteis testigos de ese acto. Bueno no, la Luna y las estrellas, también.
Y acabáis mirándoos por enésima vez, cara a cara, al natural y ambos podéis ver reflejadas en vuestras pupilas, vuestras almas.
No sé si lo hizo aposta o no, pero dió en el clavo con las canciones que eligió que sonaran en esa fantástica e inolvidable noche...
Puede que no estéis justamente en una playa para poder hacer esto mismo. Seguramente, estaréis con cualquier gadget leyendo y teniendo quizás, un poco de envidia. A mí, me pasa igual. Creo que todos deberíamos tener un momento parecido a este con esa persona especial. Y si no lo has tenido aún (como es mi caso), espera con paciencia, que todo llega.
miércoles, 13 de junio de 2012
At the top
Tras una dura subida llena de sudor, lágrimas y sobretodo sonrisas he llegado arriba, arriba del todo, a la cima. Desde arriba, la vista es espectacular. Sin palabras. Los rayos del sol me ciegan pero no impiden maravillarme de todo lo que me rodea, lo de abajo. ¿Y qué es lo de abajo? Veo personas, caras conocidas. Ahí están todas y cada una de las personas que han pasado por mi vida y que me han hecho ser lo que soy ahora. Grito para saludarles pero no me oyen. Voy girando sobre mí misma y hay personas por todos lados. Las hay que sólo he visto de pasada, las hay que son amigos de amigos, las hay que fueron amigos de la infancia, las hay que fueron amigos de clase, las hay que veo todos los días, en clase, las hay que veo sólo en fin de semana, las hay que pasan conmigo mis penas y alegrías (amigos), mi familia, las hay que han pasado sólo 4 horas conmigo y han marcado mi vida para siempre. Y ¿por qué cuatro me diréis? Bueno, yo sé lo que me digo... Es difícil de explicar, pero ya os lo contaré en otra ocasión. Los hay que no he visto hace meses, incluso años!
Sigo girando y girando y veo un camino, mi camino. Ese que he construido durante casi 20 años de mi vida, de mi llegada a este mundo en el mismo instante que di mi primer llanto hasta ahora, sentada ante una pantalla de ordenador mostrándoos lo que siento. Ese camino que a veces se me ha hecho tan cuesta arriba, parecía que no tenía fin. Poco a poco la montaña se hacía más grande, y el camino más largo. Estoy creciendo. Estoy madurando. Muchos tramos se me han hecho cortos y muy amenos pero porque tenía gente al lado que me daba la mano. Ha habido muchos tramos muy escarpados en los que he andado sola, sin ayuda de nadie, con tormenta. Pero me ha venido bien, me hizo ser fuerte.
Pero hace poco que he llegado a la cima y tras ver el paisaje miro hacia arriba. Nubes. Cielo. Ese cielo azul que me encanta. Más bien, el azul me encanta, me apasiona. Me tumbo para admirarlo mejor. Las nubes que eran nubes de tormenta hace unos años ahora son blancas, apetecibles. Oigo una voz que me llama, que susurra mi nombre, que me da energía para levantarme cada mañana y sentir que algo nuevo, maravilloso e inesperado puede pasarme. Es una señal. Silencio. Cierro los ojos y empiezo a tararear aquella canción que tanto me recuerda a ti. Y rememoro todos nuestros momentos, nuestros 3 años juntas. Pero hace ya muchos años, para ser exactos 16, la muerte me arrebató tu presencia. No hay año que no recuerde nuestra fecha tan especial. Esa fecha que nos hace únicas y que nunca olvidaré. Nuestro número: el 18. "Siempre estarás aquí conmigo". Esas fueron tus palabras que una vez me dijiste cuando yo no medía ni un metro. Y en verdad, siempre estás aquí, en mi mente, en mi corazón. De repente, siento una caricia en mi mejilla y un beso muy tierno que me hace olvidarme de todo. Eres tú, sin lugar a dudas. Me levanto. Salto e intento tocar el cielo. Intento responderte con lo mismo en el lugar que tú estás, el más hermoso de todos. Pero es imposible.
Me toco la mejilla y siento una paz y tranquilidad inmensa. Acabo con una sonrisa, como tú querrías. Vuelvo a mirar hacia abajo: ¿Vértigo? Claro que no. ¿Ganas de bajar? Pocas.
Ahora estoy en la cima, rozando el cielo y las nubes... ¿Y ahora qué? ¿Qué se supone qué debo hacer ahora? Sólo el tiempo lo dirá... De una cosa estoy segura: Esa montaña que yo veo desde la cima es lo que soy ahora. Puede que no sea perfecta, como la dueña, ni la más bonita, ni la que tenga más verde, pero está aquí por algo. Y ese algo espero que valga la pena.
domingo, 10 de junio de 2012
Por todas aquellas veces
Por todas aquellas veces que quisiste decir no en vez de sí, y viceversa.
Por todas aquellas veces que deseaste haberte callado.
Por todas aquellas veces que quisiste decir algo en el momento adecuado.
Por todas aquellas veces que quisiste haber ganado y perdiste.
Por todas aquellas veces que lloraste en vez de mantener tu hermosa sonrisa.
Por todas aquellas veces que estabas cansado y no conseguías dormirte.
Por todas aquellas veces que esperaste una respuesta de esa persona.
Por todas aquellas veces que aceptaste o te negaste para agradar a alguien.
Por todas aquellas veces que mentiste para no hacer daño a alguien.
Por todas aquellas veces que mentiste para autoconvencerte a ti mismo.
Por todas aquellas veces que te caíste y conseguiste levantarte.
Por todas aquellas veces que te quedaste sin respiración (tanto para bien como para mal).
Por todas aquellas veces que sentiste un desgarro emocional.
Por todas aquellas veces que sentiste caer lágrimas por tus mejillas.
Por todas aquellas veces que comprendiste miradas cómplices.
Por todas aquellas veces que te hicieron madurar.
Por todas aquellas veces que te hicieron ser fuerte.
Por todas aquellas veces que te hacía falta un abrazo sincero.
Por todas aquellas veces que te hacían falta unas palabras de apoyo.
Por todas aquellas veces que necesitabas un amigo y no lo encontrabas.
Sí, por todas aquellas veces que quisiste cambiar algo aunque fuese demasiado tarde y por todas las restantes veces que te puedas imaginar. Pero esto, amigos, es la vida: se sufre, se pierde y se llora. Pero en realidad estamos aquí para esto, ¿no? Para superarnos. Para saber que detrás de un día gris siempre hay un día soleado. Para saber que aunque los peores momentos y más tristes dupliquen, tripliquen, etcétera a los mejores momentos siempre nos valdrá más la mitad, la tercera, cuarta, quinta, etcétera parte de un buen momento para ser felices. Para saber que somos luchadores y podemos con todo lo que nos pongan por medio.
viernes, 8 de junio de 2012
Una de tantas verdades. Entonces, ¿estoy loca?
Mentimos cuando estamos cuerdos, decimos la verdad cuando estamos locos.
jueves, 7 de junio de 2012
Nada
Ida. Atraída. Vergonzosa. No parar de hablar. Atontada. Excitada. Feliz. Sorprendida. Triste. Odio. Orgullosa. Alicaída. Triste de nuevo. Lágrimas. Pensativa. Masoca. Eufórica. Fuerte. Rara. Centrada. Ilusionada. Feliz de nuevo. Sorprendida de nuevo. Triste de nuevo. Alocada. Centrada de nuevo. Pasota. Egocéntrica. Fuerte de nuevo. Feliz de nuevo. Y ahora...
Ahora nada. Nada de nada. Nunca había sentido esta nada, pero así me siento. Y eso que yo soy muy sentida! Pero el cuerpo me lo pide. Pide reposo por el momento. Pide recuperarse tras estos meses locos, envuelto en este círculo vicioso. Pide calma y serenidad.
"Nada": Palabra que resume sentimientos, miedos, estados de ánimo y lágrimas.
Ahora nada. Nada de nada. Nunca había sentido esta nada, pero así me siento. Y eso que yo soy muy sentida! Pero el cuerpo me lo pide. Pide reposo por el momento. Pide recuperarse tras estos meses locos, envuelto en este círculo vicioso. Pide calma y serenidad.
"Nada": Palabra que resume sentimientos, miedos, estados de ánimo y lágrimas.
lunes, 4 de junio de 2012
Si las almohadas hablasen...
Tener un día duro y lo único que quieres hacer es dormir. Decidido a irte a la cama, al tumbarte; miras al techo y empiezas a darle vueltas a todo y al final no puedes dormir (a pesar del cansancio): qué ha pasado hoy, con quién has hablado, qué has pensado, qué has hecho bien, qué has hecho mal, qué podrías mejorar, qué tienes que hacer mañana... Luego empiezas a acordarte de ellos, de tus amigos y de todos vuestros momentos. Sin querer, te sale una sonrisa recordando todo aquello. Sigues dándole vueltas a la cabeza y haces una introspección y te remontas al pasado y llegan a tu mente imágenes difusas de cuando eras niño y piensas: "Qué inocente era ahí" o "qué feliz era".
Cambias de postura, te das la vuelta e intentas conciliar el sueño, pero siguen viniendo imágenes a tu cabeza. Ahora llegan imágenes delicadas, llenas de amor, ternura e incluso desenfreno. Revives ese momento una y otra vez y darías lo que fuera por volver a ese momento, porque volviera a latir el corazón con la misma intensidad, por excitarte, simplemente; por disfrutar. Húmedo. Sientes tu cara y la almohada mojada y te das cuenta de que se te han escapado unas cuantas lágrimas. Nostalgia. Negro. Stop. Ese instante en el que tu mente se queda en negro y no aparece ninguna imagen por miedo a seguir sufriendo y empapar aún más la almohada. Dormir.
Nada más abrir los ojos recuerdas lo que has soñado. A los cinco minutos se va. Malditos y efímeros sueños... Vas dispuesto a comenzar un nuevo día con energía y a olvidar ese pequeño desliz con tu nostalgia, tus recuerdos y tus lágrimas.
Estás en el trabajo, estudiando o haciendo cualquier otra cosa y en un momento aparece un flash, como que te deslumbra, que te distrae de tu rutina, como un suspiro, un halo, pero sigues con tus tareas. Mientras las haces, ahora la imagen pasa a cámara lenta por tu mente y lo entiendes todo: el sueño ha vuelto a ti, ese que nada más levantarte se ha ido, vuelve para recordártelo: Todo sigue dentro, en tu subconsciente. Esos momentos ya no se pueden borrar aunque tu cabeza se haga la despistada y los guarde en la caja que pone "Olvidados. Dañinos. No tocar". Han quedado grabados cual tinta sobre piel impoluta, ¿por qué? Porque ya no sólo son reales y están en tu cabeza, sino que también están en tu corazón.
No vemos utilidad en una almohada a parte de su función básica (comodidad). Es simple. Ahora estoy valorando a la mía como un objeto valioso que no querría perder porque sabe todo de ti, yo creo que incluso más. Es como un baúl de sueños, ¿verdad? Donde guardas todos tus recuerdos y secretos. Recuerdos y secretos que sacan tu luz y tu oscuridad. Tu risa o tu llanto. Lo que daría yo por abrir el baúl y ver cómo funciona todo esto de los sueños.
Si las almohadas hablasen, más de uno volvería a nacer.
"Sólo al soñar tenemos libertad, siempre fue así y siempre será". El club de los poetas muertos.
domingo, 27 de mayo de 2012
A.
Por tu vida pasan cientos de personas que te hacen feliz, que te alegran el día, que te quieren, que te odian, que te hacen odiar, que te ponen triste, que te enfadan, que te hacen llorar, que te hacen reír a todas horas, que te decepcionan, que te consuelan, que te ayudan, que te vuelven loca, que te sorprenden, etc. Pocas personas me han sorprendido en mi corta vida, pero sin duda una de ellas me sorprendió con creces en un momento de cambio en mi vida.
No puedo decir que fuese un gran encuentro, con un simple "¿tienes grupo de trabajo?" empezó todo. El hecho de no conocerla de nada me intrigaba cada día más a conocerla. No puedo explicar el cómo y el por qué llegamos a un punto en el que no nos podíamos separar y no parábamos de hablar, de contar nuestras historias, de nuestros momentos. Y a decir verdad la que hablaba siempre era ella, yo sólo escuchaba porque en mi vida no había momentos tan, tan... no sé, locos, por llamarlos de alguna manera. Todos los días traía una noticia que me dejaba atónita. Y llegué a plantearme que mi vida era demasiado monótona comparada con la suya.
Llegó el verano. Y como ya sabéis, esta etapa siempre es la etapa de fuego tanto para la amistad, el amor y cualquier relación importante en tu vida porque las visitas y los encuentros se van reduciendo; y para seguir unidos, todo depende de los dos.
Hablábamos todos los días, sí, pero no era lo mismo que verla cada día y descifrar gracias a su cara que estaba feliz o triste y preguntarla qué había pasado.
Pero el verano es un arma de doble filo y tiene un efecto cambiante a veces para mejor y otras veces para peor. Te hace cambiar de mentalidad y madurar a las buenas o a las malas. Ella y yo maduramos a las malas, a base de desilusiones. Nos volvimos a encontrar y aunque la intensidad era la misma por dentro estábamos vacías, sin ganas de empezar o retomar algo. Yo la verdad es que la entendía perfectamente porque me estaba pasando lo mismo pero no en la misma medida. Creo que fue un gran apoyo mutuo y escuchar de su propia voz: "Eres la única que me entiende" me dio fuerzas para luchar por ella para que volviera con sus locas historias, luchar por mí y quizás entender algo más de mi caótica vida, y sobretodo, luchar por nosotras.
Poco a poco fuimos saliendo del "agujero negro" y ya estaba tardando en venir algún que otro enfado. Pues, aquí llegó. Se me hacía raro no hablar con ella cada noche como siempre acordábamos, algo que ya teníamos como rutina, una rutina que no cansaba, que no te hartabas de ella. Y mi confusión sigue: no sé cómo y por qué volvimos a lo de antes. Arrancamos con más fuerza que nunca, pero esta vez cambiaron los papeles: Ella escuchaba, yo contaba. Por primera vez yo tenía cada día una noticia nueva y me encantaba ver su cara que decía "cuenta, cuenta" o "sigue, sigue" Quería más de mí, quería verme bien, con ilusión, con ganas. Y en verdad me gustaba ser ese centro de atención que nunca había sido con mis locas aventuras. Pero no sólo eran locas aventuras como las llamo yo, también le contaba mis problemas, mis días tristes, mis sueños rotos y todo lo malo que había en mí. Se convirtió en una gran confidente a la que muchas veces sólo quería hablar con ella para que únicamente me dijera y me dice siempre: "Todo pasa amor, todo llega". O un simple "Te quiero" hacían de mis momentos más duros, unos momentos un poco más dulces.
Tengo la sensación de que está dentro de mí, de que cuando yo sufro, ella sufre también, de que cuando yo soy feliz, ella también; y viceversa.
Ahora ambas vivimos en un momento dulce, bonito, feliz. Ella está en buenas manos, disfrutando de cada sorbito que le da la vida. Porque sabe buscar el momento más pequeño de felicidad para darlo de sí y empaparse de él.
Porque es un pedacito de mi historia, un pedacito de mi corazón, un pedacito de mí.
Ella, que todo lo sueña, que todo lo vive.
BA. Gracias.
martes, 22 de mayo de 2012
Rarezas
Qué raro se me hace no cogerte de los brazos.
Qué raro se me hace no sentirte.
Qué raro se me hace no mirarte a los ojos tan cerca, a escasos centímetros.
Qué raro se me hace no cogerte la mano.
Qué raro se me hace no hablar contigo.
Qué raro se me hace no buscarte y verte.
Qué raro se me hace parecer extraños.
Qué raro se me hace no soñar contigo.
Qué raro se me hace no llorar por ti.
Qué raro se me hace no echarte de menos.
Qué raro se me hace besar otros labios que no sean los tuyos y sentirme bien.
Pero la posibilidad de volver a verte de nuevo es la que me hace dudar y poner patas arriba todo lo recorrido hasta ahora. En definitva, soy rara, y me gusta. Y mis rarezas también.
Qué raro se me hace no sentirte.
Qué raro se me hace no mirarte a los ojos tan cerca, a escasos centímetros.
Qué raro se me hace no cogerte la mano.
Qué raro se me hace no hablar contigo.
Qué raro se me hace no buscarte y verte.
Qué raro se me hace parecer extraños.
Qué raro se me hace no soñar contigo.
Qué raro se me hace no llorar por ti.
Qué raro se me hace no echarte de menos.
Qué raro se me hace besar otros labios que no sean los tuyos y sentirme bien.
Pero la posibilidad de volver a verte de nuevo es la que me hace dudar y poner patas arriba todo lo recorrido hasta ahora. En definitva, soy rara, y me gusta. Y mis rarezas también.
Aborrecer
Porque a veces la paciencia se agota. Llega un momento que de tanto buscar y esperar, se va, así, de repente.
Quizás no es que te canses, simplemente te desencantas, porque miras a tu alrededor y ves que les sale todo bien mientras, que tú, vas probando con ganas de olvidarte de todo lo anterior y la historia se vuelve a repetir.
Ahora me pasa como con la comida, que de tanto comer algo que tanto te apetece y te gusta lo acabas aborreciendo. Sí, sí, lo aborrezco hasta tal punto de no querer experimentarlo. Lo voy a dejar apartado durante mucho, pero que mucho tiempo.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Sobran palabras
Me encanta hacer esa pregunta tan delicada y a cuya respuesta no le hace falta palabras: Ver cómo se dilatan las pupilas, los ojos empiezan a brillar y una sonrisa inevitable se escapa...
Ah! Para los que están interesados en la pregunta... ¿Estás enamorado? Si la respuesta es que sí, los síntomas habrán venido solos, inconscientemente.
Ah! Para los que están interesados en la pregunta... ¿Estás enamorado? Si la respuesta es que sí, los síntomas habrán venido solos, inconscientemente.
sábado, 28 de abril de 2012
Mandamientos personalizados
- No levantes muros, pues son peligrosos. Aprende a traspasarlos.
- Vive el momento, pues cada uno es precioso y no debe malgastarse.
- Cuida de tu persona, ante todo y sobre todo.
- Prescinde del amor propio. Muéstrate tal y como eres, dando tu amor pero sin renunciar a ti mismo.
- Todo es posible en todo momento.
- Sigue el fluir universal. Cuando alguien da, recibir es un acto de generosidad, pues en esa entrega, siempre se gana algo.
jueves, 19 de abril de 2012
Caricias que te dejan huella
Nos sentimos completos cuando la primavera entra por nuestros ojos a medida que se pintan los campos de rojo, de amapolas. Vas nadando por los océanos del buen tiempo hasta que llega el verano. La plenitud de sentirte querido. Sales a ver los aviones que surcan el cielo: te parecen más veloces y probablemente todos lleguen sanos y salvos a su destino. El corazón de algún romántico. Hasta los coches ya te parece que no contaminan el aire, ni que una hamburguesa pueda hacerte engordar. No te ves con varios kilos de más, al contrario, te ves mejor que nunca. Dejas volar la imaginación hasta donde llegue, no importa que roce con otra realidad, no importa que no forme parte de este universo. Subrayas mil y un versos de Bécquer que te emocionan y parecen escritos para ti. Sientes que vuelves a presenciar una misma escena una y otra vez, que tu vida es un completo déjà vu que ya has soñado.
Hoy te has arreglado más de la cuenta, pareces una estrella de cine, ¿por qué? Porque estás enamorado.
jueves, 22 de marzo de 2012
Chewing gum
Nuestra amistad es como un chicle... Se estira y se estira y es difícil de romper. Es como nuestros brazos al darnos abrazos tiernos y sinceros.
Mirad cómo sostenemos el chicle con nuestras delicadas manos. Así hacemos nosotras, nos sostenemos con cuidado las unas a las otras, ayudándonos, apoyándonos, escuchándonos, queriéndonos.
Son de diferentes colores pero de igual sabor. Somos muy diferentes las unas a las otras tanto por fuera como dentro pero dejamos en las otras la misma felicidad en cuanto estamos juntas y ese sabor tan dulce al vernos.
Mirad cómo sostenemos el chicle con nuestras delicadas manos. Así hacemos nosotras, nos sostenemos con cuidado las unas a las otras, ayudándonos, apoyándonos, escuchándonos, queriéndonos.
Son de diferentes colores pero de igual sabor. Somos muy diferentes las unas a las otras tanto por fuera como dentro pero dejamos en las otras la misma felicidad en cuanto estamos juntas y ese sabor tan dulce al vernos.
Cuando dos chicles se juntan ya es imposible separarlos. No tiene remedio. Igual nos pasa a nosotras. La unión hace la fuerza.
El chicle se mastica, se mastica, se mastica y se mastica. Con el paso del tiempo seguimos estando juntas a pesar de las dificultades con nuevas historias, con más recuerdos, con nuevos propósitos, con más momentos inolvidables, así hasta que nos cansemos. Tranquilas, somos fuertes y no nos damos por vencidas a la primera.
No hay nada más hermoso, perfecto y placentero que sentirte tú misma e identificada con tus amigas. Nuestras historias, nuestros secretos, nuestros momentos, nuestras risas, nuestros lloros, nuestros enfados, nuestros perdones, nuestros abrazos, nuestros besos, nuestras locuras, nuestro amor y sobre todo, nuestra AMISTAD.
Que no son dos ni tres, sino siete maravillosas personas. El siete es nuestro número, ¡luchemos por él!
domingo, 19 de febrero de 2012
martes, 24 de enero de 2012
Sigue hambriento. Sigue alocado.
Tres historias son las que nos cuenta Steve Jobs en su discruso en la Universidad de Stanford:
Primera: Conectar los puntos.
"No puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tenéis que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Porque creer que los puntos se unirán te dará la confianza de confiar en tu corazón."
Segunda: El amor y la pérdida.
"Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amados. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis.
Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis."
Tercera: La muerte.
"Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudar a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo, [...], se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir a tu corazón [...].
Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la muerte es posiblemente el mejor invento de la vida. Es el agente de cambio de la vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo [...].
Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario."
STEVE JOBS (1955-2011)
viernes, 20 de enero de 2012
Espíritu de superación
En la vida se presentan muchas oportunidades, tú decides si cogerlas o no. Muchas veces nos quejamos porque no vienen, nos cansamos de esperar y finalmente tiramos la toalla. La vida es sabia: nos sorprende y nos brinda con más oportunidades de las que nos creemos; siempre están ahí, sólo hay que crearlas para poder disfrutar de ellas.
En el caso del amor, las oportunidades son infinitas. Toda nuestra vida se basa en el querer y no querer; amar y ser amado; lo que pudo, puede y podrá ser.
Muchas veces he pensado y deseado en que llegase aquel momento mágico como lo llamo yo, pero tanto desearlo ha hecho que sufra las consecuencias. Mucha gente es la que me ha dicho: "Tranquila, llegará en cualquier momento". Yo hacía oídos sordos y no les creía. La vida sabe recompensar y me regaló ese momento fugaz. El momento más corto de mi vida y a la vez el más hermoso. No me di cuenta de lo que estaba haciendo ni de lo que pasaba, de lo único que me daba cuenta es de que mi corazón latía, de que la felicidad corría por mis venas, de que volvía a vivir, de que realmente las cosas llegan en los momentos menos inesperados. Y así fue, corto pero intenso.
Continuamente miraba el reloj: estaba luchando contra el tiempo. No quería que corriese otro segundo más. Él me hizo poner los pies en la tierra. Por primera vez en mucho tiempo volví a creer en el amor.
Pero inevitablemente las despedidas llegan, las promesas se van y las mentiras se descubren. Lo que antes te parecía grande, ahora se hace pequeño; lo que antes veías de color, ahora lo ves blanco y negro. Ilusa de mi que creo en los imposibles y en esos pequeños deseos tuyos que no se verán cumplidos. Pronto descubres que esa magia de la que tantas ganas tenías de sentir se emborrona y se va poco a poco.
No haces más que vivir en el pasado, en los recuerdos, en lo que pudo haber sido y no ha sido aunque lo desearas con todas tus fuerzas. Pasaron dos meses que sinceramente no viví, más bien me consumía poco a poco sin darme cuenta. Sólo era él, él y nada más que él. Vivía sonámbula en un sueño del que no quería despertar.
Hasta que hubo un momento que dije: "Stop, esto no puede seguir así." Gracias a todos los que me ayudaron a seguir adelante y a mi misma, he conseguido cicatrizar la enésima herida de mi corazón. A partir de lo que me dijo una amiga mía reaccioné porque llevaba toda la razón del mundo: "El objetivo de esta vida es encontrarse a uno mismo, si por el camino encuentras a alguien que te ayude a caminar perfecto; si no, puedes hacerlo tú mismo: el ser humano es capaz de hacerlo solo".
Así que no perdí el tiempo con él, le dejé libre. He de aceptar que eres una parte de mí, de mis momentos y mis recuerdos. Que aunque para ti fui una más en tu infinita lista, para mi fuiste el primero y siempre estarás ahí aunque yo en la tuya no haya sido capaz de influir. Llega un momento en que lo has superado. Escribir en cualquier parte todos tus malos momentos te ayuda a reflexionar y a liberar tensiones, ¿eso quiere decir que lo he superado, verdad?
He tenido muchos momentos de soledad y tristeza y que cuando me he caído no sé cómo, me he levantado de nuevo. Las caídas son las que realmente te dan la fuerza necesaria para salir adelante, para empezar otra vez sin descanso el camino que has elegido: que cuando acaba una cosa, empieza otra y que nunca hay un fracaso, sino siempre una lección.
Mi lección: Vivir intensamente cada momento, disfrutar de los pequeños instantes de la vida (las risas, los abrazos, una disculpa, un regalo inesperado, un rayo de sol o la luna en todo su esplendor), los amigos, la familia, mantener la fe; no esperar a las oportunidades, sino crearlas, y sobre todo y lo más importante, ser feliz.
¿A qué esperas? ¡Venga, vete a comer el mundo!
domingo, 15 de enero de 2012
jueves, 5 de enero de 2012
Tal y como soy
"I'm selfish, impatient and a little insecure. I make mistakes. I am out of control and at times hard to handle. But if you can't handle me at my worst, then you sure as hell don't deserve me at my best."
MARILYN MONROE
miércoles, 21 de diciembre de 2011
No hace falta buscar fuera
"La felicidad no llega como resultado de obtener algo que no tenemos, sino al reconocer y apreciar lo que ya tenemos."
FREDERIK KOENIG
domingo, 27 de noviembre de 2011
Inmaterial
En estos tiempos damos demasiada importancia a lo material (totalmente innecesaria). El tener más, más y más te hace sentir importante y querido por los demás. Tener un bolso de Carolina Herrera no te hace especial. Tener unos Louboutin no te hace especial. Llevar un vestido de Dior no te hace especial. Tener maquillaje de Chanel no te hace especial. Llevar colonia de Ralph Lauren no te hace especial. "Whatsappear" con una Blackberry no te hace especial. Tener un Mac no te hace especial.
Todo lo material nos ha absorbido y dejamos de lado lo más importante: lo inmaterial; los sentimientos. He de admitir que me incluyo en este mundo consumista y capitalista. He intentado sustituir lo inmaterial por lo material pensando que sería igual de feliz pero estaba equivocada. Comprar, comprar y comprar me hace feliz en ese momento, cuando me pongo esa ropa que me hace sentir tan bien, a corto plazo soy feliz. Pero a lo largo plazo nos decantamos por lo inmaterial, aquello que tanto ansiamos, que tanto ansío, que te hace sentir en una nube, parece que vuelas y ves todo con una perspectiva diferente.
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